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domingo, 4 de febrero de 2007

La Web 2.0 o la ley de la mínima organización

La autogestión es un mito. La autogestión es un eufemismo que equivale a proclamar “deja que me monte yo mi dictadura”. Por eso el movimiento okupa no triunfa: están atrapados en la fase de la autogestión; los pocos que establecen las normas las mantienen incluso aunque vengan después otros que hagan aportaciones mejores.
Luego, de pronto, una serie de sitios web se han vuelto muy populares entre los usuarios domésticos: Flickr, Wikipedia, Del.icio.us, You Tube… Y a resultas de esos éxitos se habla de una nueva Web, la Web 2.0, de carácter eminentemente social. Bueno, eso de social es una forma de hablar…, lo importante es que son sitios pensados para darse a conocer de forma gratuita (gratis, la palabra mágica, no lo olvidemos). La gente mira y aporta aquello que le gusta, la suma de todo eso es lo que aporta valor y permite el intercambio. ¿Y todo esto sin más? Desde luego la que menos futuro tiene me parece Del.icio.us, porque el menú Favoritos del Explorer (o Marcadores en versión Firefox) no es muy frecuentado por los usuarios. Por lo que yo sé, la mayoría tira del desplegable en que se convierte la barra de dirección o, esto ya es de expertos, del Historial. Así que eso de etiquetar, ordenar y categorizar, pues no sé... En cambio You Tube tiene todo el futuro como el canal de televisión donde cabrá todo y donde todos podrán chivarse hallazgos.

Me estaba desviando: lo importante es que tras estos éxitos de la Web 2.0 hay una comunidad, un grupo pone las normas. Mientras siga siendo gratuito (y siga estando de moda) la gente se adaptará, precisamente porque ellos no tienen que poner las normas, éstas son mínimas y están pensadas para beneficiar a quien las cumple. Así que nadie se deje engañar por el espejismo de la autogestión de la Web 2.0, porque están muy pero que muy bien pensadas. Otra cosa es que, desgraciadamente, estas comunidades “aparentemente bien autogestionadas” tienen muy difícil alcanzar la rentabilidad económica que, como mínimo, les permita mantener la infraestructura tecnológica y, de paso, ganar dinero, que para eso están todos en Silicon Valley. El mayor acierto de estos grupos o comunidades es que no penalizan al usuario, y además saben adaptarse cuando el uso que hace la gente tiene más éxito que su propia idea original. Aquí es cuando superan la fase dictatorial de la autogestión y el síndrome de la asamblea okupa.

¿Alternativas? De momento fijémonos en You Tube, que intenta cerrar acuerdos con productoras para que estrenen en su sitio trailers, o agencias de publicidad para que hagan campañas-señuelo… Es el mismo sistema de financiación que el Festival de Cannes: llevar a Madonna para atraer periodistas y con el dinero obtenido proyectar esa película taiwanesa que a nadie parece importarle. Este sistema, a pesar de ser tan antiguo, ha sido rebautizado por los nuevos gurús como la teoría de la larga cola: los poderosos pagan, los peces pequeños no y se aprovechan de las grietas. A mí no me parece mal.

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