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jueves, 1 de febrero de 2007

Buscar, no ordenar

Esa es la tendencia: trabajar con los ordenadores como si éstos fueran un saco al que no podemos asomarnos porque nos volveríamos locos, y por eso usamos herramientas que buceen en ese presunto caos y nos ofrezcan resultados. Todo lo que haya por medio nos la trae floja: nos basta con que en la pantalla aparezca lo que queremos.

Microsoft ha asumido lo que Google tardó mucho menos tiempo en comprender. La mayoría, pero lo que se dice la inmensa mayoría, de las personas usamos el ordenador sin realmente saber qué hacemos. Para muchos Internet es únicamente el acceso directo que puso el cuñado el día que le montó el ADSL, no se le pasa por la cabeza acceder desde otro sitio, y mucho menos dónde mirar en caso de que no aparezca la página de inicio.

Lo mismo sucede con los documentos: sí, los guardamos, básicamente fotos y presentaciones de chistes que nos envían, pero realmente desconocemos dónde las estamos dejando caer. Lo que queremos saber es que en el recuadro “Abrir…” nos aparecerán los títulos que siempre nos han aparecido. Si por lo que sea, un día aparece otra carpeta con nombres distintos ya no sabremos dónde estamos, nos sentimos perdidos. Ya ni menciono ese clásico de ejecutar los anexos que nos envían por correo en carpetas temporales del sistema y guardarlos en ella de forma definitiva. Nadie se entera de nada; nadie se preocupa de nada. Somos así y la ofimática ha acabado adaptándose a esta realidad.

Google lo entendió aunque ya era una evidencia: en la maraña de sitios en que se había convertido Internet era necesaria una herramienta que presentara resultados de forma rápida y fiable. El éxito de Google es la rapidez y la fiabilidad, pero también la desestructuración total de la información de red; el día que esto cambie Google (tal como lo conocemos) no servirá de nada. Google Desktop extendió el concepto de búsquedas en lo desconocido a los discos duros de los ordenadores, puesto que se revelaban tan caóticos como la propia red. Y de hecho lo es: nadie ordena sus documentos en carpetas por temas (a no ser que sea un rarito), nadie borra nada, nadie se preocupa de organizar temáticamente los archivos, nadie purga, nadie categoriza. Y como nadie lo hace, Google diseña sus aplicaciones dando estas pautas por supuestas. ¿Un servicio de correo? Pues asumen que nadie borrará nunca nada y que cuando haga falta harán una búsqueda; nadie perderá el tiempo en clasificar sus mensajes. Eso sólo lo hace también un rarito. Cada vez más, tenemos la certeza de que lo que tenemos guardado lo tenemos guardado, lo que no sabemos es dónde.

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