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martes, 20 de febrero de 2007

Intuiciones acerca del software que desembarcará en nuestros discos duros

El otro día me desinstalé (¡finalmente después de tres años!) mi antivirus Panda 2006 y es como si hubiera soltado de golpe 500 quilos de lastre. Mi ordenador (un AMD a 700) no es que sea de última hornada, pero he descubierto que al menos rinde mejor de lo que pensaba y puede aguantar unos años más con Windows XP. Es como el chiste ese del tío que va caminando con una cabina de teléfonos encima y cuando le preguntan por qué lo hace responde que si se encuentra con un león la tira y así puede correr mucho más rápido. Igual me siento yo sin mi Panda antivirus, como si hubiera lanzado la cabina de teléfonos.

Y es que este Panda al cual estuve licenciado estos años no paraba de dar problemas: después de cada actualización crítica del sistema se multiplicaban los problemas al cargar, avisaba de Explorer desactualizado justo después de actualizarlo, recordaba cada día (¡cada día!, sin permitir la mosquita esa de "No mostrar más este aviso") que no tenía activado el Firewall. No lo tenía porque daba muchos problemas con cantidad de software (y encima no permite instalar el antivirus sin Firewall: o todo o nada). Cada actualización del catálogo de virus era un sin vivir que paralizaba toda actividad... En fin, un rosario de miserias que reventó cuando comenzaron a enviarme correos avisando con 6 meses de que mi licencia iba a caducar, y que era el momento de "ampliar servicios" a un precio sin competencia. Traducción para el usuario/consumidor: al ampliar servicios, cuando tocara renovar la licencia no cobrarían más por el antivirus, sino por los demás servicios que contraté pensando que me ahorraría algo. Traducción en plan mitinero: la ampliación de servicios es la forma de subir el precio de la licencia justificando de paso una subida exagerada de cuotas.

Así que, a falta de 1 mes para que expirara la licencia me harté: desinstalé Panda y puse el BitDefender 8 Free Edition y mi equipo vuela. Ahora no me dedico a ver aparecer los diferentes elementos de las ventanas, y las tareas desaparecen de la barra de inicio en segundos; puedo usar el Firewall que me da la gana (ZoneAlarm) y encima BitDefender me protege con eficacia y sin penalizar mi actividad. ¡Tomen nota señores de Panda!

Luego me acuerdo del agujero ese que descubrieron hace poco en el Adobe y me digo que me voy a actualizar. Creo que era para la versión profesional, que no afectaba al Reader (gratuito, que es el que uso), pero como llevo dos versiones de retraso ahí voy. En la web corporativa ni media palabra sobre el agujero de marras, eso sí todo son invitaciones a la prueba y a la descarga. Localizo mi producto, mi idioma y mi versión y veo que me baja un archivo de 500Kb que al ejecutarse ejecuta a su vez un programa para bajar los archivos de instalación. Traducción para el usuario/consumidor: a pesar de ser un software gratuito, el Acrobat Reader no quedará en tu disco duro, tan sólo la versión final instalada. Si lo pierdes tendrás que volver a Adobe a que te dejen bajar otra copia. Lo entiendo en el caso de aplicaciones de pago, pero estamos hablando del Reader (no del Photoshop) cuya especificación PDF acaba de pasar a ser gestionada por la ISO. Pero no debe extrañarnos, porque estos señores de Adobe, como buenos estadounidenses, son extremadamente cautos en cuanto a la propiedad intelectual se refiere. Y si no, sólo hay que echar un vistazo a la cantidad de patentes que han registrado de partes de su código, no sea que alguien innove y ellos no puedan sacar tajada (el mejor ejemplo es la imagen de arranque de la versión 5 del Reader. Es un poco antigua pero no tiene desperdicio).

Este es el panorama softwarístico que nos espera: por un lado antivirus (y otras aplicaciones "de seguridad") que con la excusa de la protección se apoderan de nuestro equipo como si fuera un troyano (a mí me recuerda a la estrategia Bush contra el terrorismo global: lo hacen por nuestro bien); y por el otro aplicaciones que son estándares de facto en versión gratuita que se gestionan y protegen como si fueran un posible foco de piratería. Por un lado software que se adueña del disco duro y por otro un paso intermedio hacia el software residente en red. ¿En qué quedamos?

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