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jueves, 25 de octubre de 2007

Portales de contactos. 4. Entrevistas de trabajo con cócteles

Portales de contactos. 1. ¿Cómo han llegado a hacerse imprescindibles?
Portales de contactos. 2. Instrucciones de uso
Portales de contactos. 3. Perversiones y distorsiones no tan sorprendentes

«En la vida, la gente tiende a esperar que le pasen cosas buenas. Y a fuerza de esperar, se les escapa la ocasión. Normalmente, no te caen los deseos en el regazo; caen en algún lugar cercano, y hay que saber darse cuenta, levantarse, y dedicar el tiempo y el esfuerzo que se requiere para recogerlos. Esto no es así porque el universo sea cruel. Es así porque el universo es muy listo».

Neil Strauss: El método, 2006

Cierro esta serie con un post que no es analítico sino esperanzado y subjetivamente futurible. Igual que aquel mártir de los derechos civiles cuyo nombre no viene al caso.

Anoche soñé que completaba el cuestionario de las cinco preguntas, y que sus respuestas eran directas y sencillas, sin rastro de desconfianza; se deducía de ellas que alguien se interesaba por mí con la misma sinceridad que ponía yo en darme a conocer.

Anoche soñé que --efectivamente-- bastaba con quince minutos de crédito a un/a desconocido/a en cualquier café céntrico para establecer una primera impresión, no forzada y natural, sin comprometer esa parte de la intimidad personal que todos consideran que deben poner a buen recaudo. Dos personas se citan sabiendo que van a una cita, y no era ni humillante ni patético.

Anoche soñé que al verla aparecer me atraía mucho, porque la vida (y porque estaba soñando) es así de generosa. A diferencia de un encuentro casual entre dos conocidos que saben que no moverán un dedo para encontrarse otro día, ambos poníamos de nuestra parte para que el otro pudiera hacerse una idea de la persona que tenían delante: el tono de voz, la forma de expresarse, los silencios, las palabras que se atropellan en un deseo de profundizar más y más deprisa...

Anoche soñé que estos encuentros se preparaban con el mismo cuidado que una entrevista de trabajo, sólo que en lugar de un currículo había cócteles encima de la mesa, y el puesto de trabajo consistía en venderse uno mismo. Las mesas estaban llenas de personas que hacían un sincero esfuerzo por expresarse de forma simple y natural, comprendiendo que había que planificar estos encuentros, porque la naturalidad en estado puro --a estas alturas de siglo ya se sabía y por eso se enseñaba en las escuelas-- produce rechazo o extrañeza, así que se hace necesario revestirla de amabilidad y de discursos bien estructurados y divertidos.

Anoche soñé que la gente se expresaba con la precisión matemática de los diálogos de telecomedia, abarcando todos los matices en unas pocas palabras escogidas, conscientes del valor de cada una. De esta manera, en las entrevistas con cócteles no se desperdiciaba nada: toda la energía de la conversación se convertía en comunicación sin pérdida.

Anoche soñé que estaba en un mundo donde los portales de contactos eran la antesala de una comunidad de gente que sabe lo que quiere y expresa lo que piensa, sin conformarse con lo que encuentra por azar. Y todo eso nos hacía mejores y más seguros socialmente; en las antípodas del mundo que Freud anticipó y Houellebecq teme por encima de todo. Un mundo mejor porque, a pesar de tener razón, sus verdades no parecían tener tanta importancia.

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