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lunes, 13 de agosto de 2007

Portales de contactos. 2. Instrucciones de uso

Portales de contactos. 1. ¿Cómo han llegado a hacerse imprescindibles?

Así pues, estamos ante una mutación social de la que --¡oh novedad!-- la tecnología no es responsable. Al contrario, acude rauda a poner su granito de arena para compensarla en la medida de lo posible. Es un caso claro de aplicación de la filosofía del "todos ganan": ayudar a la gente y de paso hacer dinero. Los portales de contactos son la solución ideal para los tímidos, como en general lo es cualquier solución a través de Internet que garantice el anonimato y el control casi total de la privacidad. Los portales de contactos no son para los profesionales del flirteo (los especialistas), quienes mantienen intactas sus opciones, sus estrategias y su terreno de juego, y desde luego no son víctimas de ninguna mutación social imprevista.

Para la legión de los no especialistas, sí se ha producido un cambio en la pauta de relación entre hombres y mujeres que afecta no solamente a las formas externas del flirteo, sino a la posición que el hombre y la mujer asumen en esta nueva etapa (insisto que estoy hablando de personas en edad postmatrimonial o que han dejado atrás la juventud y se encuentran sin pareja estable). Más que un cambio fruto del progreso o los cambios en las costumbres es un efecto secundario imprevisto provocado por la incidencia --cada vez mayor-- de fenómenos como el individualismo, el hedonismo, el narcisismo y el miedo al fracaso. Su consecuencia más visible es un bloqueo en los cauces tradicionales de relación entre sexos, y que afecta sobre todo a las personas no especialmente dotadas para el flirteo (el resto se busca las lentejas sin problemas y rehace su vida, no todo van a ser desgracias).

Este bloqueo se produce unilateralmente desde el lado masculino y consiste básicamente en una "dimisión de la iniciativa", que es más o menos como sigue: las mujeres reproducen sus grupos de amigas solteras a la espera de que los hombres vuelvan a rondarlas y a ponerlas en el mercado; pero nosotros, una vez en el terreno de juego por segunda vez, y fundamentalmente debido a los años que llevamos sin tener que practicar el flirteo, no estamos tan dispuestos a disipar tanta cantidad de energía como cuando éramos jóvenes. Siguiendo ese mismo principio de conservación, nos movemos únicamente cuando observamos claros indicios y posibilidades de triunfar. En este contexto los profesionales del flirteo (a los que intentábamos imitar de jóvenes y al comienzo de nuestro retorno al mercado libre) triunfan más que nunca, puesto que la competencia se ha reducido, y porque ellos sí emplean las estrategias que ellas nos atribuyen por tradición (de hecho, nunca han dejado de hacerlo). Los torpes, los tímidos, los airados, los desencantados, los analistas, los que se engañan a sí mismos, los que renuncian a apuntarse a actividades para tener un grupo en el que probar suerte, dimiten (dimitimos) --a veces de forma inconsciente-- de su papel de precipitadores de todo contacto que podría iniciar una nueva relación. En esta situación distorsionada es complicado que se cumpla aquello de "amar a quien se encuentra", puesto que la dimisión ha dejado el camino casi despejado, la mayoría permanece agazapada... tras los ordenadores.

Aun así somos afortunados porque Internet nos proporciona una oportunidad impensable gracias a los portales de contactos (meetic, match, adultfriendfinder). Se trata de sitios web cuidadosamente diseñados con un modelo de negocio muy claro: obtener ingresos a cambio de reunir y gestionar el acceso a una comunidad que busca relacionarse y tentar a la suerte. La cuota de abono (sin la que no puedes hacer nada) es como la entrada que se pagaba a la puerta de la discoteca, sólo que en los portales es como si dispusiéramos de un abono mensual; los foros on-line equivalen a la barra y a la pista de baile, zonas virtuales donde abordar a las personas conectadas y que te atraen por alguna razón: respondes sus preguntas, las ignoras y hasta las puedes vetar definitivamente. Todo sin salir de casa, sin necesidad de arreglarse ni quedar, sin la angustia de aparcar el coche, sin llegar a casa apestando a humo y fracaso, y la ventaja incomparable de que esos mismos fracasos quedan minimizados por la comodidad de haberlo hecho sin salir de casa y sin testigos.

Los portales de contactos, como decía Mendoza en el post anterior, superan la fase en la que los encuentros se debían al azar, más o menos favorecido, más o menos buscado, sustituyéndola por otra muy parecida a la de la compra por catálogo. Esto facilita mucho las cosas, porque todos sabemos comprar y a la mayoría nos gusta hacerlo. En esta nueva fase se trata de individuos que toman la decisión de ir a buscar algo que sienten que les falta, sin esperar que la vida se lo tenga que poner delante. Esto desde luego me parece un avance importante. Y como estamos comprando tenemos unas expectativas (que esté buena, que no sea raro, que sea joven, que sea sensible, que gane dinero, que tenga su pasado resuelto) y unos requisitos (que no tenga hijos, que le guste viajar, que tenga estudios superiores, que no tenga más de 42 años, que no fume [sic]); y también unas preferencias a las que el otro debería adaptarse (que le guste ir al cine, salir a cenar, ir a tomar copas, salir a bailar salsa, tener sentido del humor, practicar deportes de riesgo). Por eso, tras el alta, es muy recomendable cumplimentar un cuestionario que sirva de perfil físico y vital para darse a conocer al resto; y también escribir un breve texto que nos describa de una manera más personal, una forma de ponernos un titular, de vendernos de forma divertida e informal, un anzuelo que facilite que alguien se detenga en nuestra ficha mientras repasa sin demasiado entusiasmo las largas listas de usuarios conectados un jueves por la noche (el día de mayor actividad). No rellenar el cuestionario y escribir dos líneas de texto que terminan con "busco amistad y si surge algo...", o "no quiero malos rollos, sólo busco pasármelo bien..." son el primer indicio de que no hay un verdadero interés en el contacto cara a cara.

El segundo indicio es no poner foto: como si el físico, la imagen, no haya sido --y lo siga siendo como sociedad narcisista que somos-- durante décadas el criterio que nos guía para desear contactar con un desconocido. Admitámoslo: la atracción física es lo primero que nos motiva, y eso vale para el mundo real y para el virtual. No poner foto por temor, o por avergonzarse de la propia imagen, da la medida de lo alejada que está esa persona del tipo de comunidad que forman los portales de contactos: si el objetivo es contactar tarde o temprano será inevitable mostrarse como se es, y es ingenuo pensar que unas semanas de conversación anónima previa pesarán más que la valoración del aspecto físico en el momento del primer encuentro. Las mujeres --las que no se consideran a sí mismas lo suficientemente atractivas, las que se sienten inseguras, las que desconfían de los desconocidos-- suelen actuar de este modo, creyendo que lo importante es el interior, y consideran un criterio de filtrado infalible un hombre que se aviene a conversar y conversar durante semanas sin solicitar dato físico alguno. La inmensa mayoría de hombres, en cambio, cuelga su foto porque intuye que es la manera más natural de demostrar que se aceptan las reglas del juego; o en todo caso, si se avienen a la fase de conversación anónima, lo hacen porque saben que tarde o temprano surgirá la opción del encuentro cara a cara, donde llevarán a cabo el auténtico filtrado. Luego ellas se defraudan o se cabrean porque tras el primer encuentro ellos se enfrían en las conversaciones on-line. ¿Con expectativas tan disímiles y con un sistema de filtrado tan irreal, de qué se extrañan?

(continuará)

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