¿Qué más da --a estas alturas-- que haya o no haya canon? El verdadero mal ya está hecho


El problema que ha acabado generando el debate del canon, y los sucesivos intentos de levantar modelos de negocio que sustituyan la economía de la copia que imperaba en la venta de discos, es que han provocado un cambio de costumbres. La gente --no solamente los usuarios/consumidores-- no está dispuesta a pagar nada por la música. Frente a esta realidad impuesta por una conjunción de factores en la que no hay un responsable claro, es casi imposible dar marcha atrás, porque la ley no puede ir contra el inmenso tráfico que circula en sentido contrario.
Las empresas nacen, se desarrollan y mueren. No importa que algunas fracasen por el camino porque vendrán otras nuevas a sustituirlas. Al final, la creación orientada a un mercado no saldrá a cuenta, y la música --que no va a desaparecer, digan lo que digan los apocalípticos agoreros-- puede que se busque la vida por otros caminos, más ligados a la autogestión, las giras o lanzamientos de productos de todo tipo. Mientras se desvela esta incógnita a las disqueras sólo les queda agotar un mercado mientras madura otro basado en negocios paralelos y/o adyacentes al consumo de música (mayoritariamente, para su desgracia, gratuita, tostable y distribuible).
Da igual quien provocara este cambio, tanto da que alguien lo anunciara o sobreviniera por pura evolución de la tecnología (al fin y al cabo nadie nunca ha cuestionado, que yo sepa, el lanzamiento de ningún dispositivo de copia digital). No vale la pena desgastarse en documentar el proceso, lo que importa es el resultado. La tecnología ha permitido que surgieran las redes P2P, un mercado descuidado por unas confiadas disqueras y los ciclos económicos han hecho el resto.
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