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miércoles, 6 de julio de 2011

Teorías convenientes para mi mentalidad: 2. La invisibilidad no sincronizada y la doble decepción masculina

1. Las fases en una relación de pareja

Los hombres y las mujeres acaban volviéndose invisibles, pero lo hacen en momentos y por causas muy diferentes. Los hombres desaparecen cuando nace su primogénito. En ese instante la madre comienza un proceso de transferencia hacia el recién nacido que deja al hombre prácticamente a oscuras. También en ese instante, las madres descubren, con el fruto de sus entrañas en los brazos, que ahí tienen el amor incondicional e indefraudable que han anhelado siempre y que ningún hombre supo (ni sabrá, eso lo comprenden entonces) darles. Esa es la primera decepción masculina. El paso de los primeros años confirma que es cierto: se derriten al comprobar que su sola presencia basta para colmar los deseos de su rorro, que tienen la última palabra en un montón de decisiones domésticas, que son las que mejor pueden satisfacer sus necesidades y, por si todo esto no bastara, el vínculo genético les parece inmodificable de por vida. Ahí culmina la invisibilidad masculina, como resultado de la primera decepción. Los hombres invisibles quedan en segundo plano como meros ejecutores de órdenes, descienden un peldaño en el escalafón y, en casos extremos, quedan apartados de la toma de decisiones. Algunos hombres interpretan esta situación como una amenaza, una especie de expulsión forzosa del mercado de las relaciones, por lo que reinvierten su invisibilidad y entran por otra puerta.

La segunda decepción se produce hacia el quinto año de vida del primogénito, cuando a ella le resulta evidente que el hombre se escaquea todo lo que puede de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos. Las vacaciones de verano y el incidente de la cervecita playera suelen ser un desencadenante habitual: la familia disfruta de la playa con amigos y/o familiares diversos; es la hora de comer del bebé, aunque demasiado pronto para los mayores. El hombre, que lo sabe, prefiere quedarse tomando una cervecita con sus iguales, así que ignorará el tema hasta que sea ella quien asuma la responsabilidad de llevárselo para darle de comer y ocuparse de la enojosa logística del bebé ella sola. Finalmente, sin la obligación de supervisar al bebé y a la madre, puede irse a tomar esa cervecita con los amigos sin preocuparse de nada más. Conoce perfectamente el significado de la mirada fulminante que ella le ha lanzado mientras se marchaba, pero le da igual; no puede evitarlo.

Las mujeres se vuelven invisibles décadas después de los hombres, por simple deterioro físico, cuando la gravedad ha realizado su trabajo. Es una consecuencia de la exigencia social (masculina) que hace que la mujer deba estar (o parecer) siempre joven y atractiva. Llega un momento que no es posible cumplir o retrasar este requisito, y entonces es cuando se accede a la invisibilidad. El síntoma definitivo es cuando otras más jóvenes son las que atraen las miradas masculinas. Una vez superada la transición (a veces dolorosa y traumática en mujeres particularmente bellas o que han basado su éxito en el aspecto externo) se abre la posibilidad de una etapa de bienestar y tranquilidad personal, sin las interferencias que provoca la obligación de estar siempre perfectas ni los cortocircuitos (a veces cargantes) de los deseos masculinos.

(continuará)


http://bajarsealbit.blogspot.com/2011/07/teorias-convenientes-para-mi-mentalidad.html

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