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lunes, 12 de noviembre de 2007

¿Cómo me gustaría que fuera el iRead (o el GBook)?

Las industrias editoriales son las últimas del sector cultural fuertemente arraigadas al modelo analógico de distribución. Esto no es malo en sí mismo, pero hay numerosos síntomas de que los usuarios/consumidores aspiran a que vaya por otro sitio, muy probablemente con la esperanza de aumentar las posibilidades de una bajada de precios o de sortear unas reglas de juego que --una vez dado el mismo tránsito a lo digital en otros sectores-- les beneficie de forma colateral. Por su parte, los diarios en papel se han encontrado con un fenómeno --parcialmente inesperado y analógico-- que ha acelerado su tránsito hacia lo digital: los diarios gratuitos; surgidos en su momento como una eficaz arma para conseguir publicidad a cambio de unos contenidos mínimamente periodísticos, y también ante la pérdida de credibilidad y la amenaza del descenso de ventas en papel. La prensa analógica --una vez asumido el fracaso de trasladar el modelo de suscripción en papel a la web-- ha probado de todo, siendo la medida más reciente mimetizar todo lo posible sus diseños con los de los diarios gratuitos; pero no sólo eso, sino también diluyendo la calidad de los contenidos (creyendo erróneamente que ahí está una de las causas del descenso de ventas), rebajando en muchas ocasiones el nivel de profundidad del análisis y/o reduciendo el espectro de temas a tratar (priorizando los de cotilleo y la adopción de un punto de vista de eficacia garantizada: el bolsillo del consumidor).

Las editoriales están capeando mejor el temporal por una razón evidente: excepto las "majors", la mayoría han vivido al filo de las pérdidas gracias a que la lectura no es ni mucho menos una prioridad entre los usuarios/consumidores (a diferencia del cine, la música o los videojuegos). Tradicionalmente, el autor literario ha sido el peor tratado por las industrias culturales, con unos contratos abusivos de derechos de por vida. Resulta paradójico, ahora que la labor pionera de la agente literaria Carmen Balcells comienza a dar sus frutos (con unos contratos mucho más justos y adaptados a la realidad), que les pille el toro del cambio tecnológico. Esperemos que los avances en materia de derechos de autor no se echen a perder con el más que previsible desbarajuste en las cuotas de mercado que sobrevendrá con el tránsito digital. Sin embargo, otras dos circunstancias --una ergonómica y otra estratégica-- mantienen a los editores sólidamente establecidos en el universo de lo analógico: la lectura en pantalla de textos largos resulta incómoda, y la inexistencia de apuestas serias por dispositivos portátiles para la lectura de libros electrónicos que vayan acompañados (como es el caso de iTunes y otras tiendas que han seguido su estela) de un modelo de distribución y venta de obras literarias. Es necesario que una marca --con la capacidad de repercusión mediática y social de Apple o Google-- abran una brecha en este sector que se sostiene precariamente desde hace décadas a pesar de todos los apocalipsis que se le vaticinan de manera recurrente.

Vaya por delante que no estoy en contra del papel ni de los modelos de negocio basados en canales analógicos de distribución, ni tengo ninguna animadversión personal hacia ellos; simplemente aspiro a que la tecnología --que ya está facilitando cambios y reestructuraciones en el equilibrio de fuerzas existente en otros sectores-- mejore y potencie mi experiencia lectora. Y esto no me parece que sea algo que amenace ni necesite de la sustitución de un modelo por otro. Otra cosa muy distinta es hacia dónde se decantan los usuarios/consumidores, como está pasando con la prensa gratuita o las descargas de música. Defiendo y defenderé la lectura, pero no me convertiré en un fetichista del papel ni de lo digital a cualquier precio.

Estoy convencido de que Steve Jobs ya está trabajando en un iRead (puede que Google también tenga algún proyecto parecido, en la línea de Android) que, si no revoluciona el mercado, por lo menos levantará una polvareda suficiente como para convulsionarlo y forzarlo a moverse hacia adelante. Lo que voy a poner por escrito es mi propio análisis de requerimientos desde mi perspectiva de lector, consumidor/usuario de a pie sin recursos infinitos y tecnócrata de letras regido por el sentido común.

Querido Steve/queridos Larry y Sergey, quiero un iRead/GBook que:

1) Sea pequeño, ergonómico y manejable, con una resolución de pantalla que haga cómoda la lectura. Poco peso (fundamental), tipos de letra, tamaño de letra, brillo regulable, cambio de página espectacular y encantador.

2) Aunque los antecedentes con Apple no vayan en esa dirección, el sistema operativo sea una plataforma de software libre (estilo Android), para permitir aportaciones de terceros, y sin perder de vista estos tres objetivos: intuitivo, sencillo y práctico.

3) Tenga un formato de libro electrónico que incluya, además del texto, un resumen, una valoración (opcional) y enlaces relacionados/recomendados/patrocinados con la obra y el autor.

4) Igual que cuando compramos un libro nos lo quedamos, que los libros electrónicos que compremos puedan adquirirse indistintamente desde el iRead/GBook o el ordenador, y transferirlos en cualquier dirección entre ambos, sin limitaciones ni DRM ni nada parecido.

5) Permita hacer anotaciones (con un teclado retráctil), copiar fragmentos para extractar (y/o enviar por correo sin interrumpir la lectura) y marcar páginas para accesos rápidos.

6) Tenga fácil acceso a notas "a pie de pantalla", posiblidad de ampliar mediante conexión a sitios relacionados/recomendados/patrocinados y opciones de personalización de las diferentes acciones.

7) Las anotaciones y extractos queden asociadas junto con el libro, pero en un fichero aparte fácilmente identificable y exportable a cualquier procesador de textos o gestor de blogs.

8) Se pueda leer, comprar y acceder tanto a libros como a prensa (la pantalla deberá poder rotar, igual que el iPhone).

9) Compartir, enviar y recibir libros electrónicos por correo sea completamente posible.

10) Por una cuota, una suscripción (aunque los tiempos parece que no están por esa labor) o un precio ligeramente más alto, se pueda acceder antes a novedades. Que determinados libros con derechos de autor caducados sean gratuitos para servir de incentivo a nuevos usuarios/consumidores.


Google apostó muy pronto por los libros, pero lo hizo desde una perspectiva estrechamente ligada a su producto estrella: el buscador. Su objetivo era digitalizar libros y localizarlos en enormes bibliotecas virtuales; y una vez localizados encontrar exactamente el fragmento de texto deseado. Todo un reto para una época en que el buscador era casi su único negocio. Hoy los problemas de derechos de autor y la diversificación de las actividades ha diluido un tanto este proyecto. Lo que es seguro es que "electronificar" libros tiene mucho futuro. No nos engañemos: los tecnócratas que leen tienden a tener poder adquisitivo medio-alto, y están dispuestos a pagar por rarezas, así que los fondos editoriales están de enhorabuena.

Asumo que los fondos editoriales se deberán contratar inicialmente mediante acuerdos en exclusiva (esclavizarlos a una tecnología), y que las expectativas de negocio de determinadas obras/autores serán los acicates durante los primeros pasos, pero lo que está claro es que hay un sector de usuarios/consumidores que quiere leer digitalmente y facilitar las reacciones que suelen provocar sus lecturas más provechosas.

En definitiva, Steve, Larry y Sergey: quiero un dispositivo que haga compatibles mis necesidades como lector y el surgimiento de nuevos yacimientos de negocio en el mercado editorial. Precisamente su viabilidad económica es la segunda garantía de continuidad de la literatura (la primera, claro está, son los autores); evitando en lo posible transferir y arrastrar por decreto monopolios (tecnócratas y de contenidos) desde el universo analógico.


Actualización (20/11/2007): parece que no soy el único en preguntarse por qué los libros son el último refugio de lo analógico, también es algo que preocupa a Jeff Bezos, el fundador de la librería Amazon. Casi como respuesta a mi carta se presenta en Nueva York Amazon Kindle, el lector de libros electrónicos que tiene detrás un modelo de negocio sólido y estable, el de la librería Amazon. Pero el titular de la noticia lo dice todo: "el iPod de los libros". Apple sigue siendo la referencia. Veamos qué proponen:

-300 gramos de peso, 19 centímetros de alto, pantalla con resolución 800x600, batería preparada para durar hasta 7 días, puerto mini USB y conexión de audio con auriculares (imagino que para audiolibros).

-Capacidad de almacenamiento: unos 200 libros (256 Mb ampliables), exclusivamente del formato con el que los vende Amazon por unos 7 €.

-Descarga directa desde Amazon (via modem wireless), pero sin posibilidad de sincronización con un ordenador ni conexión a Internet ni correo electrónico; y sin embargo tiene teclado. Que no funcione como reproductor de música o como teléfono me parece obvio, pero algunos parece que lo echan de menos.

-Enlaces recomendados/patrocinados: Wikipedia y New Oxford American Dictionary (requiere registro). Lectura de periódicos y blogs previo pago de cuota por cada uno de ellos (diarios prestigiosos 10 €; blogs sin prestigio 0,60 €).

-Precio: 280 € (disponible sólo en EE UU).


Por un lado me consuela comprobar cómo algunos de mis requerimientos forman parte de las preocupaciones de los fabricantes y editores; pero por otro me entristece el alto nivel de esclavitud tecnológica al que ha quedado anclado el Kindle (y eso que asumo que mi nivel de ingenuidad está por encima de la media): sin posiblidad de descarga a un ordenador, sin conectividad libre a Internet, sin información relacionada. Desde luego, en estas condiciones yo no me lo compro.

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