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miércoles, 26 de septiembre de 2007

¿La Larga Cola es la nueva locomotora o el nuevo uso de un vagón readaptado?

Hay algunas preguntas que quiero lanzar para comprender mejor eso de la Larga cola (Long Tail). Se trata de un concepto acuñado por Chris Anderson en 2004 (y que se convirtió en libro en 2006) que sostiene básicamente --y cito a Enrique Dans, cuyo artículo sobre el tema en PC Actual Nº 196 es la causa de mis dudas-- que:

"En un mundo en el que la gama de productos y servicios tiende a infinito, y en el que además todos ellos están disponibles con prácticamente igual facilidad, parece razonable pensar que el mercado se estructurará con unos patrones completamente diferentes a los que adoptaba cuando la oferta era muy limitada en gama, y los canales de información en manos del cliente eran muy escasos y estaban casi todos bajo el control del fabricante".

Lo primero que quiero recordar es que --a pesar de las inmensas mutaciones sociales y tecnológicas-- el cliente (el usuario/consumidor) sólo se ha podido hacer fuerte en un único canal de información: el de las redes sociales. De éstas sólo unas pocas están incrustadas en webs con modelos de negocio maduros y rentables (eBay, Netflix o Amazon básicamente; aunque también la especializada y emergente Facebook), las cuales se potencian y se optimizan por evidentes razones de interés económico, y cuya continuidad no está garantizada puesto que está supeditada a la viabilidad del negocio en el tiempo. Así que no nos dejemos llevar por la euforia igualitaria ni el anuncio de nuevos paraísos sobrevenidos.

Esta es mi primera pregunta: ¿se puede hablar de Larga Cola cuando no hay un modelo de negocio detrás? Porque a mí la Wikipedia me parece sólo un buen ejemplo de red social emergente que eclipsa a otros canales especializados, no un ejemplo de "economía Larga Cola".

Lo nuevo y revolucionario de la Larga Cola --sigue diciendo Dans-- es que si antes el 80% de los ingresos lo proporcionaban el 20% de los productos (Pareto dixit); en la Nueva Economía Digital la proporción queda como sigue: un 2% genera el 50% de los ingresos (siendo generosos), un 8% el 25% y el 90% restante el otro 25%. Según esto, el primer modelo --lo que Dans denomina la "economía del hit"--, en el que los ingresos se fian al éxito de un solo producto, está en regresión o directamente obsoleto.

Y aquí va mi segunda pregunta: ¿la Larga Cola implica necesariamente un núcleo-hit que permite la existencia misma y la posibilidad de explotar la estela --el resto de productos que no son hits--, o la estela sustituye al núcleo en el papel de locomotora? Porque lo que yo veo por todas partes son alabanzas sin límites a los éxitos alcanzados por eBay o Amazon (no olvidemos que en el mundillo económico sólo se cuentan las historias que acaban en beneficios), acerca de las bondades de sus respectivos sistemas de feedback y de recomendaciones mantenidos por los propios usuarios/consumidores, y de lo bueno que es eso porque da la voz al cliente y porque es más justo y porque bla, bla, bla... Si hemos de ser consecuentes con la metáfora, los cometas no tendrían cola si no hubiera un núcleo que la causara; de la misma manera, si no se obtiene el 50% de los ingresos con auténticos best-sellers, los buscadores de rarezas no se acercarán ni por asomo adonde no los venden (por una simple cuestión de confianza y de nombre).

Mi tercera pregunta es doble: si la Larga Cola no necesita un núcleo ¿resultarán viables sitios web que no comercialicen productos-núcleo? En cambio, si la Larga Cola implica un núcleo (este papel pueden desempeñarlo otros webs de la competencia), ¿éste se explota de la misma forma que hasta ahora o hay novedades también?

¿Bastará con desarrollar algoritmos que potencien al máximo las contribuciones de los usuarios/consumidores para asegurar una economía digital basada en el mercado de la Larga Cola? ¿Serán capaces estos sistemas sostenidos por individuos ajenos y desconocidos, sin embargo integrados en negocios web completamente privados, de independizarse de las empresas que ahora los potencian y encima seguir siendo influyentes? ¿Es viable un mercado digital compuesto de tooodo, absolutamente tooodo lo que producen los individuos, o más bien hay un límite para el número de agentes que puedan explotar el mercado de la Larga Cola?

En definitiva: ¿es la Larga Cola la nueva locomotora de la planificación estratégica de las empresas o es una forma de adecentar ese vagón viejo y olvidado para obtener de él un nuevo aunque limitado rendimiento? Si este blog tuviera más audiencia se montaría un interesante debate a base de comentarios, pero la selección natural también existe en la blogosfera.

1 comentario:

BUDOKAN dijo...

Interesante artículo reflexivo sobre nuestro tiempo. Es muy enriquecedor leer tus pensamientos filosóficos. Saludos!

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