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martes, 13 de septiembre de 2011

La canción de la década (de los noventa) y otras etiquetas que merecen ser definitivamente archivadas

No vale proponer cualquier cosa (ni hacerlo en cualquier momento) como la mejor canción para representar a toda una década. No existen normas internacionales para hacer una buena elección, pero sí una serie de factores a tener en cuenta. En primer lugar, la década a la que representará la canción: no es lo mismo recibir el encargo de seleccionar una canción por década para las últimas, digamos, cinco, que de pronto, plantarte en mitad de los cuarenta y sentir que estás capacitado para hacer pública tu propuesta. La juventud es la época en la que más música escuchamos, el tiempo en que estamos más abiertos a novedades y cambios de paso, así que --en este caso-- tiene mucho más valor la elección de la canción de la década que representa a tu juventud cuando hace tiempo que acabó que, por ejemplo, hacer lo mismo con la década que acaba de terminar y a ti no te ha supuesto ninguna modificación personal importante.

En segundo lugar, no vale elegir una canción con un significado íntimo y personal o cuyas claves sólo uno mismo posee, porque al resto no le dirá nada; hay que decantarse por una que posea una representatividad objetiva, o subjetiva y que se pueda argumentar. Además, es mejor que haya una numerosa legión de fans dispuestos a defenderla y, eventualmente, elevarla a la categoría de representante máxima de la década. También conviene tener en cuenta el intérprete: es mejor que la cima creativa de su trayectoria artística se condense mayoritariamente en la década en cuestión, de manera que su figura también pueda representar, de alguna retorcida manera, el espíritu de la época. Aun así, estas advertencias pueden quedar en segundo plano o quebrantarse sin problemas, al final casi todo depende de la habilidad de quien lanza la propuesta.



No soy crítico musical, mantengo y exhibo amplias y escandalosas lagunas en algunos estilos y épocas musicales básicos y se puede decir que llegué tarde --por edad y otros condicionamientos-- a algunos (no a todos) movimientos musicales de mi juventud, y sin embargo ha llegado mi momento. Ha llegado el momento de lanzarme a designar mi canción de la década de los noventa sin temor a avergonzarme minutos después. No voy a descubrir nada porque esta retahíla de premisas ya anuncia que mi elección será previsible y clásica (los puristas y entendidos preferirán decir comercial), pero recuerdo que no estoy hablando de valores musicales, sino de encontrar canciones que condensen el espíritu de diez años.

Los setenta pertenecen al movimiento punk, levantado a partir y en contra de las cenizas (ya cargantes) del movimiento hippie, que fue el que marcó los sesenta. Los ochenta, en cambio, estuvieron marcados por numerosas y divergentes tendencias musicales, y es precisamente esa mezcla ecléctica la que mejor los define: pop/rock electrónico, new romantic, disco, disco pachanga, heavy metal. No obstante, la mayor representatividad se la llevan los grupos de rock: The Police, a pesar de los escasos años en activo y la velocidad meteórica de su progresión creativa, es el grupo que representa para mí los ochenta. Por otro lado, si tuviera que establecer el pistoletazo de salida de los ochenta escogería Love will tear us apart de Joy Division, un ejemplo perfecto de caos creativo y personal que acabó cuajando en una juventud que anhelaba cambiar --como la mayoría-- sin saber muy bien hacia dónde.

Los noventa, finalmente, supusieron la eclosión de nuevos y arriesgados estilos, algunos por evolución de la música discotequera, compuestos a partir de mezclas cada vez más electrónicas e hipnóticas: para empezar, la música disco se convirtió en dance, el clan genérico del que derivarán importantes linajes (house, techno, progressive, trance, jungle...), cada cual formando parte de una liturgia bien diferenciada y generacional (las rave party) y sus propios menús sagrados (las drogas sintéticas). La Generación X completaba así el relevo a la ochentera.

Los noventa se cerraron en falso el 5 de abril de 1994, cuando Kurt Cobain, el líder de Nirvana se suicidó. Fue como si la travesía por un universo ético y artístico alternativo (el grunge), que hasta ese momento mantenía un cierto encanto tremendista entre la desesperación calculada y la pose narcisista, se revelara con aquella muerte como una actitud sin sentido; o por lo menos rebajada a la categoría --más realista-- de simple tendencia musical. Desde el punto de vista generacional, el suceso no se puede considerar una revelación, ni siquiera una decepción, más bien un baño de realidad. En lo musical, los noventa comienzan en la mismísima cumbre: Nirvana se daba a conocer en todo el mundo con Smells like teen spirit (1991), que podría considerarse la canción de la década si un año antes Depeche Mode no hubiera lanzado Enjoy the silence, probablemente su tema más famoso y el que contiene mayor carga nostálgica. Su letra atemporal, una melodía entre sugerente y bailable a la vez, la convierten en mi favorita de los noventa. Además, la imparable trayectoría artística que experimentó a partir de entonces Depeche Mode convierte los noventa en la década musical más fructífera de su carrera, que comenzó en 1977. Enjoy the silence --compuesta por Martin Gore-- ha inspirado a artistas de muy diversos géneros, que han reconocido públicamente la influencia de este tema en sus trayectorias, incluso como acicate inicial para lanzarse a componer y cantar.

Por todo eso, Enjoy the silence es (mi) canción favorita de los noventa.

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