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martes, 9 de febrero de 2010

¿Y si pagando mejor a los autores los intermediarios también ganan dinero?

Finalmente Apple ha movido ficha y ha presentado su iPad. No ha pasado ni una semana y Google ha anunciado que está diseñando su propio dispositivo táctil y portátil, con teclado flotante por si fuera poco. Microsoft también está a punto de liberar su Zune Phone, un móvil que deberá competir en prestaciones con el iPhone y el Nexus One. Siguiendo con la oleada de novedades, el sistema operativo para terminales móviles Symbian da sus primeros pasos para transformarse en un estándar abierto, al estilo de Android. Y para acabar de redondearlo, Kindle prepara el salto a la tecnología táctil, visto el aluvión de competidores con esta funcionalidad que surgen en el mercado de los lectores de libros electrónicos... Son muchas y buenas novedades que demuestran que la combinación de dispositivo hardware + servicio goza de buena salud como modelo de negocio para el sector de la tecnología.

En el otro extremo del mercado, los modelos en recesión insisten en su pataleta, tratando de convertir los derechos de propiedad intelectual y de autor en un monopolio apoyado a partes iguales por el poder legislativo y el mantenimiento de una estructura parapolicial de vigilancia y sanción. Y así les va: en Australia un consorcio de productoras de cine se ha vuelto a estrellar contra el muro judicial. Mientras los jueces paran los golpes, las redes P2P trabajan en su descentralización topológica y de contenidos ante la intuición de que la grieta legal está en el mismo tecnicismo que, en su día, sirvió para derrumbar a Napster. Es fácil adelantar lo que sucederá: si cierran las páginas de enlaces bajará el tráfico P2P porque muchos usuarios/consumidores no se aclaran a la hora de encontrar los dichosos torrents, y en estas webs se lo daban todo mascado. La descentralización provocará un descenso en la velocidad de las descargas (la condensación de contenidos en unos pocos servidores las acelera, pero las hace vulnerables desde un punto de vista jurídico). Las redes P2P mutarán lo que haga falta hasta convertirse en auténticos canales de intercambio entre particulares: lentas, falibles, llenas de fakes, rebosantes de títulos (protegidos o no por copyright), versiones originales ripeadas, subtítulos creados por los propios usuarios/consumidores, rarezas, grabaciones de televisión, conciertos en directo... Todo, todo y todo. Será como si de pronto nos hubiéramos puesto de acuerdo para tostar los terabytes que almacenamos en nuestros discos duros sobre soportes gravados con canon, reunirnos en las plazas como si se tratara de una flashmob e iniciáramos un frenético intercambio entre desconocidos, buscando lo que nos interesa, entregando a cambio lo que poseemos. ¿Cómo reaccionarían los titulares de derechos ante esta traslación física del P2P?

Este aluvión de novedades hardware + servicio demuestran que es posible aunar beneficios y reconocimiento a los titulares de derechos sin perjudicar los intereses del usuario/consumidor ni preocuparse por la existencia y/o extensión de las redes de intercambio entre particulares. ¿O acaso no se están forrando Microsoft, Google, Amazon o Apple con sus inventos, arrastrando de paso con su ola ganadora a los proveedores de contenido del servicio relacionado? Un ejemplo de que realmente existe margen para la buenas ideas en las que todos ganan es la App Store de Apple. En ella se ofrecen aplicaciones (widgets en versión para el usuario/consumidor no vinculado a Apple) tanto gratuitas (la mayoría) como de pago: mientras que las primeras se han convertido en una moda y en una imparable fuente de innovación, de los ingresos que generan las segundas el 70% es para su autor; el resto se lo queda Apple, que aun así ingresa mil millones anuales por este concepto. ¿Estamos seguros de que los porcentajes que reciben los autores en sectores económicos más consolidados son comparables a este reconocimiento a la creatividad que, además, deja margen para el lucro de los intermediarios? Pues mire usted, yo diría que no. El éxito de App Store no sólo revela la injusta explotación del talento ajeno llevada a cabo tradicionalmente por intermediarios culturales, sino su ceguera estratégica.

Cuando los autores ganan, los usuarios/consumidores ganan, la economía gana y los intermediarios ganan si son capaces de transformarse.

http://bajarsealbit.blogspot.com/2010/02/y-si-pagando-mejor-los-autores-los.html

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