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lunes, 25 de junio de 2012

Teorías convenientes para mi mentalidad: 14. ¿A cuántos mojitos estás de la infidelidad?

1. Las fases en una relación de pareja
2. La invisibilidad no sincronizada y la doble decepción masculina
3. Hombres
4. Ese universal e irrefrenable deseo de convivencia
5. Wapis
6. Madres profesionales. Madres eclipsadas
7. Historia universal de la convivencia en pareja
8. Numeritos conyugales: que no te los cuelen sin avisar
9. Los herbívoros, el nuevo Contrato Matrimonial y la paradoja Huxley-Houellebecq
10. La teoría del carrete
11. Las precondiciones de la relación ideal
12. La decepción oculta masculina
13. El bosón de Higgs de las relaciones urbanas

La infidelidad no es solo la respuesta instintiva e irreflexiva a un impulso hormonal imposible de evitar (en realidad equivale a la típica excusa en plan «no puedo controlarlo, es superior a mí», como si eso sirviera de atenuante o de eximente). Aun así, hay que admitir que ese tipo de infidelidad existe, no hay duda, pero se trata de un caso tan cierto como minoritario dentro del amplísimo catálogo de deslealtades de pareja. Y sin embargo es la única que admitimos (tras toneladas y toneladas de machacona insistencia conversacional) con desgravación de mucho IVA y otras alharacas argumentales de dudosa validez. De hecho, la infidelidad realmente existente es de tipo procesual, no algo involuntario, no planificado o producto de un subconsciente mal sublimado. A la infidelidad se llega. La infidelidad, en definitiva, es un estado mental.

Y es precisamente al alcanzar ese estado mental, mediante razones y vericuetos emocionales que cada cual conoce de sobras, cuando nos convertimos en personas potencialmente infieles. El primer indicio de que se está culminando el proceso de interiorización de la infidelidad es muy fácil de detectar: proponer como tema de debate --en foros compuestos mayoritariamente de parejas amigas-- si la infidelidad mental es verdaderamente una clase de infidelidad o un componente estructural de nuestra conciencia, sin valor ni significado alguno. Esta polémica es, probablemente, tan vieja como estúpida, pero se repite una y otra vez porque siempre habrá quien desee escuchar por boca de otro/a que todos esos pensamientos (sucios o no) que nos asaltan son «naturales», propios de nuestra naturaleza voluble, egoísta y traicionera. Si resulta que están en nuestro genoma --nos consolamos de regreso a casa-- querrá decir que están por encima de toda consideración legal o moral y que es normal tenerlos. En definitiva, queremos que alguien nos confirme «que no los podemos evitar» y que no es necesario rechazarlos. Incluso podemos recrearnos en ellos un ratito...

Ya hemos alcanzado el estado mental de la infidelidad y hemos dejado de reprimir pensamientos infieles mediante un dudoso tecnicismo lógico. La siguiente pregunta es: ¿A cuántos mojitos estamos de admitir verbalmente la posibilidad de una infidelidad real? Más que nada porque el poder desinhibidor del alcohol es el desencadenante habitual en este tipo de conductas (concretamente el mojito, un cóctel transversal en cuanto a preferencias entre hombres y mujeres). Cualquier suceso, nimio o crucial, imprevisto o provocado, real o ficticio, puede desembocar en una confesión en voz alta no planificada de disponibilidad hacia la infidelidad, y lo más probable es que haya una ingesta de alcohol por medio. El mojito está de moda, pedimos una ronda tras otra, nos animamos, estamos rodeados de personas de confianza (del mismo sexo), es el momento perfecto. Ahí va...

El número de mojitos que necesitamos para confesar que tenemos pensamientos infieles es inversamente proporcional a varios factores:

1. El tiempo que hace que mantienes una relación estable
2. La experiencia acumulada en temas de pareja (la mochila emocional)
3. La presencia cercana y accesible de una persona sobre la que proyectar el deseo (existencia de oportunidad lo llaman los detectives).

En la Fase 1 es probable que hagan falta más de cinco; y que ni aun así tu cerebro se plantee tal posibilidad. Sin embargo, en una Fase 2 de mala calidad, en plan empresita de servicios, apenas uno y medio bastarán para soltarlo todo.

También hay un número inversamente proporcional de mojitos para verbalizar los diversos grados de infidelidad:

1. ¿Cuántos mojitos necesitas para hacer comentarios sobre lo deseables que son otras personas que no son tu pareja y/o admitir que te perturban por uno u otro motivo?
2. ¿Cuántos para admitir que por tu pensamiento ha cruzado la idea de una infidelidad concreta, con cara, ojos, nombre y cuerpo?
3. ¿Cuántos para ironizar abiertamente (siempre hay que intercalar capas de seguridad/ambigüedad en la conversación) acerca de estar madurando un proceso avanzado de comisión de infidelidad?
4. Y lo que es más importante: ¿Cuántos necesitas para llevarla a cabo?

No subestimemos el poder de desgaste de una relación ni sobrestimemos nuestra capacidad de aguante con el alcohol, porque podemos estar a medio mojito de reescribir la historia...




http://bajarsealbit.blogspot.com.es/2012/06/teorias-convenientes-para-mi-mentalidad.html

sábado, 2 de junio de 2012

Teorías convenientes para mi mentalidad: 13. El bosón de Higgs de las relaciones urbanas

1. Las fases en una relación de pareja
2. La invisibilidad no sincronizada y la doble decepción masculina
3. Hombres
4. Ese universal e irrefrenable deseo de convivencia
5. Wapis
6. Madres profesionales. Madres eclipsadas
7. Historia universal de la convivencia en pareja
8. Numeritos conyugales: que no te los cuelen sin avisar
9. Los herbívoros, el nuevo Contrato Matrimonial y la paradoja Huxley-Houellebecq
10. La teoría del carrete
11. Las precondiciones de la relación ideal
12. La decepción oculta masculina

El bosón de Higgs es la última partícula del modelo estándar que queda por descubrir. Su existencia está prevista de forma teórica desde 1964, año en que el físico británico Peter Higgs lo propuso para explicar, entre otras cosas que no vienen al caso, la ausencia de masa en los fotones y sí en la de los bosones, la interacción electromagnética y la fuerza débil (con los años esta última denominación parece un homenaje de científico soseras a la saga de George Lucas).

Para empezar, ójala existiera un modelo estándar para las relaciones (como existe para la física de partículas) al que nos pudiéramos acoger para explicar tanto las interacciones previstas para --digamos-- un muón y un leptón o, por poner un ejemplo al azar, una posgraduada de 29 años y un macoyas poligonero. ¿No sería fantástico poder predecir qué saldría de cada combinación posible? Bastaría hurgar un poco en la teoría y descubrir si estamos (o no) dentro de alguna interacción prevista, lo cual nos tranquilizaría al comprobar que seguimos dentro de la normalidad o nos desquiciaría porque descubrimos que nos enfrentamos a un bosón relacional cuyos componentes y fuerzas aún están por conocer.

Otro problema que resolvería este modelo: ¿Qué partículas componen el puzzle de las relaciones urbanas? ¿Cómo interactúan entre sí? Si yo fuera capaz de contestar por lo menos una mínima parte de al menos una de estas dos preguntas sería recordado para siempre como un genio universal, por encima incluso de Newton, Einstein o Hawking. Pero no la tengo. Lo único que podemos hacer con las relaciones es observar y reaccionar; luego observar la reacción a nuestra reacción y volver a reaccionar. Y así hasta el infinito. En el modelo estándar de las relaciones también se cumple a rajatabla el principio de indeterminación de Heisenberg, el axioma fundamental de la mecánica cuántica: con sólo observarlo ya estamos modificando o influyendo en un fenómeno. Apliquemos esto a las relaciones y veremos que --sólo por esto-- estamos rozando una gran verdad fundacional.



Si profundizamos en la metáfora, es posible que podamos aventurar la existencia de una serie de particulas que interactúan en un gran número de relaciones, y aunque no podamos afirmar que es una fuerza universal, sí que podemos esperar algunas reacciones comunes en personas muy diferentes y alejadas en el espacio y el tiempo: ¿Por qué la gran mayoría prefiere a las guapas? ¿Cómo explicar esa minoría que aun así deja a su chica por otra más fea? ¿Y las que dejan a su chico por otro más pobre?

El problema es que no es posible ir más allá en la metáfora: la física de particulas se compone de 12 elementos, agrupados en 3 familias; mientras que las relaciones son inabarcables por definición. El primero es un modelo básicamente deductivo, guiado por la lógica, mientras que el segundo es completamente empírico, alimentado por el instinto y el principio del placer. Es imposible generalizar más allá de --como mucho-- cinco casos conocidos.

Las relaciones, como las partículas, se forman a partir de choques al azar con otras partículas que hay por los alrededores. Pero mientras que en la física el catálogo de resultados está --al parecer-- bastante limitado a las cuatro interacciones fundamentales, las relaciones tienen que ver con lo espontáneo, lo instintivo, lo conveniente y lo egoísta. ¿Podría decirse que son éstas sus cuatro interacciones fundamentales?

O puede que debamos ser positivos: mantener la esperanza en el descubrimiento de un elemento --desconocido pero previsto por ciertos indicios-- que explique el sistema tal como ahora lo conocemos pero inyectando una dosis de consistencia, igual que sucede con ese maldito bosón de Higgs que todavía se resiste o la materia oscura que por lo visto llena casi todo el universo pero somos incapaces de detectarla. ¿Que haríamos si un día diéramos con ese bosón de las relaciones y completáramos el rompecabezas? Estaríamos más cerca de la perspectiva exacta para resolver algunas encrucijadas o, mejor aún, saber que al final de lo que hacemos está lo que queremos.





http://bajarsealbit.blogspot.com.es/2011/12/teorias-convenientes-para-mi-mentalidad.html

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