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jueves, 19 de enero de 2012

Teorías convenientes para mi mentalidad: 11. Las precondiciones de la relación ideal

1. Las fases en una relación de pareja
2. La invisibilidad no sincronizada y la doble decepción masculina
3. Hombres
4. Ese universal e irrefrenable deseo de convivencia
5. Wapis
6. Madres profesionales. Madres eclipsadas
7. Historia universal de la convivencia en pareja
8. Numeritos conyugales: que no te los cuelen sin avisar
9. Los herbívoros, el nuevo Contrato Matrimonial y la paradoja Huxley-Houellebecq
10. La teoría del carrete

La esperanza de un éxito duradero y la pulsión sexual --también denominada lujuria a primera vista o, como prefieren los románticos políticamente correctos, atracción mutua-- es la combinación universal de factores que nos empuja a iniciar una relación. Asistimos constantemente a todo tipo de fracasos de pareja: lejanos o cercanos, previsibles o inesperados, tristes o liberadores, al final llegamos --a pesar de nuestra arrogante incredulidad-- a experimentarlo en primera persona, y aun así, siempre estamos dispuestos a intentarlo una vez más, repitiéndonos que esta vez será La Definitiva, que no cometeremos los mismos errores. Y a veces es cierto, pero otras muchas no lo es. Y así, en fin, vamos pasando la vida.

Lo intentamos porque el deseo, convertido con los meses en sentimientos íntimos, es demasiado fuerte, y los beneficios que aporta a corto, medio y largo plazo son mucho más gratificantes que los posibles riesgos. Ahora bien, igual que los padres procuran crear el mejor entorno familiar, pedagógico y lúdico para el nacimiento y crianza de sus rorros (llegando en ocasiones a extremos difícilmente justificables en asuntos donde se supone que las cosas se hacen únicamente por amor); pues me pregunto si, ya puestos a ser repelentemente previsores, ¿no cabría esperar la misma actitud racional a la hora de decantarse por una u otra persona con posibilidades de convertirse en relación estable? No me estoy refiriendo a encuentros sexuales mutuamente consentidos y esporádicos, ni a los que viven en una trabajada y permanente Fase 1, sino a los que intentan filtrar sinceramente los candidatos que encuentran --o se presentan-- con el objetivo de alcanzar una Fase 2 de buena calidad. De éstos, digo yo, cabría esperar un poco más de frialdad y perspectiva, evitando limitarse a la apariencia externa (fundamental, por supuesto, pero no determinante) y rebajando drásticamente las dosis de narcisismo; de manera que, al ampliar el foco y abarcar más personalidad, tengan en cuenta otras cosas, como el entorno familiar, opiniones en temas de calado (ideología, hijos, estatus...), la mochila sentimental... A veces debería preocuparnos más un pasado sin resolver que un futuro incierto.

Expuesto de esta manera, la cosa parece un rancio tratado de moral decimonónica para señoritas bien, pero es que, a toro pasado, más de uno y más de una se preguntan cómo no supieron ver y/o interpretar las señales que anunciaban el desastre. La mayoría de las veces, bastaría un análisis guiado por el sentido común y hacer una simulación virtual de la relación a medio plazo. Y no para descartar con fundamento entre uno u otro guaperas, pues para eso están las hormonas y los instintos (y está bien que sea así), sino para minimizar riesgos inútiles. Dejarse caer sin más en la Fase 2 sin haber hecho un test de desgaste de convivencia con una profundidad de, al menos, cinco años, es como entrar en casa de un desconocido para practicar sexo sin condón. Puedes esperar cualquier cosa.

Aunque cada edad y circunstancia tiene sus lugares comunes, y no existen fórmulas estrictas, ahí van unos pocos indicadores que pueden minimizar la sensación de ruleta rusa en que a veces se convierte una relación que se estabiliza:

Hermanos/as de amigas/os: es el vivero ideal para dejar crecer de forma natural una primera Gran Relación. Tanto se confía en su eficacia que el cine adolescente y cierta literatura juvenil lo presentan constantemente como la mejor opción. El hermano de una amiga (generalmente mayor) o la hermana de un amigo (generalmente menor) son personas que vas tratando poco a poco y que de pronto un día miras de forma diferente. Los padres, además, suspiran aliviados porque ya conocen a su futura familia política.

De amigo/a a novio/a: un clásico treintañero que se abre paso tras el fracaso de lo que uno creía que era El/La Definitivo/a. Tantos años hablando por teléfono, sirviendo de vertedero emocional, abrazos sin llegar a más, confidencias en conversaciones de vapor etílico en largas madrugadas... Si después de todo eso no sabes de qué pie cojea él/ella, es que eres un discapacitado sentimental.

Coincidencia fantástica: es la preferencia unánime de todos a los que realicé mi improvisado cuestionario. Ellos y ellas se decantan por un desconocido total hacia el que, de repente, te sientes irresistiblemente atraído/a debido a una increíble comunión de sentimientos e ideas que eleva el chute hormonal más allá de lo imaginado. A pesar de reconocer que no garantiza de éxito, todos lo señalan como la mejor opción (quizá porque es la que más se acerca al canon del amor romántico).

Será que el azar es precisamente la garantía de que seguiremos cometiendo los mismos errores. No es sólo que la evolución natural sea muy lista, es que también la educación sentimental deja estratégicas lagunas que facilitan la prolongación indefinida de la cadena de aciertos y fracasos.





http://bajarsealbit.blogspot.com/2012/01/teorias-convenientes-para-mi-mentalidad_19.html

miércoles, 11 de enero de 2012

Teorías convenientes para mi mentalidad: 10. La teoría del carrete

1. Las fases en una relación de pareja
2. La invisibilidad no sincronizada y la doble decepción masculina
3. Hombres
4. Ese universal e irrefrenable deseo de convivencia
5. Wapis
6. Madres profesionales. Madres eclipsadas
7. Historia universal de la convivencia en pareja
8. Numeritos conyugales: que no te los cuelen sin avisar
9. Los herbívoros, el nuevo Contrato Matrimonial y la paradoja Huxley-Houellebecq


«En la vida, la gente tiende a esperar que le pasen cosas buenas. Y de tanto esperar, se les escapa la ocasión. Normalmente, no te caen los deseos en el regazo; caen en algún lugar cercano, y debes ser capaz de notarlo, levantarte, y dedicar el tiempo y el esfuerzo que se necesita para recogerlos. Eso no es así porque el universo sea cruel. Es así porque el universo es muy listo».

Neil Strauss. 2006

Mi metáfora básica para ilustrar la crianza y educación de los hijos hasta la adolescencia consiste en unos padres que bobinan un carrete con sedal en el que acumulan vivencias, preferencias, manías, hallazgos y vínculos. Lo hacen con la esperanza de que, cuando su hijo/a experimente esa pulsión irrefrenable que cuestiona todo lo que tenga que ver con la autoridad o, más concretamente, con sus padres y/o el ambiente familiar (les resulta falso, antiguo, cosas de las que, de pronto, intuyen que deben alejarse a toda costa), cuando eso suceda, ese carrete les recordará de donde vienen y de qué han renegado. Durante la fase adolescente de rebeldía y alejamiento, el carrete servirá como un vínculo invisible y necesario con su infancia. Más adelante, en otro momento imposible de precedir, mostrará el camino para un posible acercamiento al hogar. Hay un instante en la vida de los jóvenes en que comprenden que ya se han alejado lo suficiente de su punto de partida: están cansados de explorar nuevos senderos, a veces frustrados, derrotados, nostálgicos... y optan por rebajar el nivel de exigencia. En ese momento echan mano de lo que les sirvió en el pasado, porque es cómodo, porque conocen su eficacia. Llega el momento de recuperar algunas de las normas y preferencias con las que fueron educados y descubrir que tampoco estaban tan mal, incluso resultan eficaces como guía vital. La convivencia en pareja o una maternidad inminente suelen ser los hitos que desencadenan ese retorno a lo entrañable conocido.

Así funcionamos: padres e hijos, ante encrucijadas y retos equivalentes, solemos reaccionar de manera muy parecida. La mayoría lo atribuye a la carga genética, pero lo cierto es que se trata de una mera respuesta de adaptación al medio. Aparte de los genes, las generaciones --en condiciones de estabilidad familiar-- comparten un entorno doméstico marcado por la continuidad (lo que denominamos la mochila familiar), que actúa como marco de referencia para la toma de decisiones. El hecho de que los hijos se enfrenten a retos muy parecidos a los de los padres hace el resto. Nosotros lo simplificamos diciendo orgullosos que los hijos «salen» a sus padres. Es ese parecido, a pesar de la palpable distancia que pusimos durante la adolescencia, lo que atribuimos a unos genes que actúan independientemente de nuestra voluntad. La evolución cultural, en cambio, lo explica de una forma menos sentimental: si hay elementos familiares comunes a ambas generaciones (criterios éticos, preferencias, gustos, posibilidades) optaremos probablemente por respuestas semejantes y/o equivalentes. La cultura pasa por encima de la genética, aunque solo sea porque actúa después.

Películas, libros, canciones, recetas culinarias, rituales domésticos, jergas familiares, manías personales, obsesiones y cabezonerías íntimas... todo vale y puede formar parte del carrete, en una (inconsciente) previsión del fatídico día en que tu hijo/a te suelte aquello de «Tú no tienes ni idea», «Yo no pedí nacer en esta familia» y otras lindezas por el estilo, las cuales todos hemos soltado a gritos en plena discusión por horarios y permisos. Ni padres ni hijos abarcan toda la extensión de su significado, más bien lo toman, respectivamente, como una escaramuza y un ritual más en el proceso de maduración, pero lo cierto es que el carrete ha empezado a soltar sedal.

No hay garantías de que lo que acumulamos en el carrete luego les resulte útil ni verdadero (los padres se equivocan en muchas cosas, otra cosa es que haya momentos en la vida que permitan admitirlo ante los hijos); en todo caso lo hacemos porque hemos acabado por comprender que, en su momento, nuestros padres hicieron lo mismo con nosotros y tampoco fue mal del todo. Nada ni nadie nos garantiza que el sedal sea irrompible, que los hijos, en un momento dado, decidan no volver, ni siquiera sabemos si la longitud del sedal será suficiente: puede que se les acabe a la mitad, que decidan detenerse cuando aún les queden metros por soltar, que no sientan la necesidad de recurrir a él nunca. Sencillas y elegantes metáforas que sirven para describir complejos sentimientos.

Las mismas opciones se repetirán en cada ser humano: los padres almacenando instintivamente su bagage personal y socializador, los hijos rechazándolo con desconfianza por medio de otro instinto, exactamente opuesto, de reafirmación narcisista. El regreso, en todo caso, será celebrado por padres e hijos con una emoción silenciosa que rara vez suelen compartir en voz alta y que es, creo yo, el lubricante que engrasa la convivencia intergeneracional.


http://bajarsealbit.blogspot.com/2012/01/teorias-convenientes-para-mi-mentalidad.html

lunes, 2 de enero de 2012

Ser o no ser: ahí está la frontera

«Para que a alguien creativo se le ocurra algo ha tenido que leer un montón de cosas, participar en seminarios, visitar exposiciones... hay una atmósfera cultural que es el fundamento para que pueda generarse la creatividad. Además se necesita una infraestructura: bibliotecas, transportes, canales de acceso... Hay una dimensión en la creación que es procomunal: por eso es absurdo el que alguien al que se le ocurre algo le den la propiedad en exclusiva por ni se sabe cuántos años y que la pueda transmitir a sus hijos».

Antonio Lafuente. 2011


«Queremos mostrar que hay otras formas de hacer cultura y de editar libros. El caso de Lucía Etxebarría es paradigmático, se queja de lo poco que gana con cada libro al tener que pagar a gestores y a agentes: eso muestra que el discurso habitual sobre la propiedad intelectual no defiende al creador, sino a la industria».

Jessica Romero. 2011

A trancas y barrancas la Ley Sinde va cumpliendo sus objetivos legislativos. A pesar del relevo al frente del gobierno, lo que podría haber sido un titular para el recuerdo en forma de funeral por el canon digital, la confirmación de esa noticia ha pasado prácticamente desapercibida, ya que otros titulares --más básicos y apremiantes--, acaparan la atención de la mayoría. El famoso canon digital ha quedado definitivamente enterrado (porque lo dijo la UE, no por convicción ideológica del actual partido gobernante), y aunque aún no se sabe qué lo sustituirá, parece ser que será una especie de impuesto indirecto, como el IVA o el céntimo sanitario. Antes pagaban el canon los que adquirían soportes susceptibles de almacenar contenidos digitales; con la reforma lo pagarán todos, adquieran o no soportes susceptibles de almacenar contenidos digitales. Entre todos, cultos y analfabetos, consumidores o no de cultura, compensaremos a autores, intérpretes y ejecutantes de unas pérdidas que se dan por supuestas en virtud de ciertas «perversiones» tecnológicas con consecuencias indeseables sobre el statu quo del mercado.

Se trata de un claro triunfo de las industrias culturales más tradicionales, porque los creadores seguirán recibiendo menos de un 10% por copia vendida, sancionando un modelo de gestión que maximiza los beneficios sólo en caso de artistas consagrados. Al resto de creadores, como no generan ingresos, como nadie les conoce, como de entrada no interesa lo que hacen... Que les den morcilla. Si alguno destaca y empieza a triunfar no habrá problema: se le aplicará como peaje de acceso a la elite el contrato-tipo de menos del 10% o de lo contrario deberá permanecer en el limbo de la autogestión y el amateurismo de donde salió.

Una legislación como la que avala la Ley Sinde establece dos modelos de gestión antagónicos: uno de la creatividad incipiente o carente de prestigio y/o audiencia, y otro que se ocupa en exclusiva de maximinar beneficios para artistas consagrados que poseen prestigio y/o audiencia. Mientras seas un desconocido, estés aprendiendo el oficio o no interese demasiado lo que haces no existirás para la industria consagrada, puesto que se considera que estás en un limbo de aprendizaje y consolidación. Mientras quemas esa fase puedes hacer lo que quieras con tus creaciones: regalarlas, venderlas a un precio irrisorio, montarte tu web y tus propios canales de distribución, presumir de autogestión, de igualdad, de justicia, de buenismo, de vanguardia... Lo que quieras, porque mientras no hagas ganar dinero a terceros no serás nadie ni interesarás a los intermediarios de la copia.

Puede que un día des el salto, que tengas suerte, que madures como artista o que en el extranjero reconozcan tu talento; lo que es seguro es que la industria nunca vendrá a buscarte por tus méritos creativos. Es posible que hayas acumulado suficiente prestigio y audiencia y eso te haga visible para la parte de la industria que se rige por el modelo Sinde. En ese momento deberás elegir: o dar ejemplo de coherencia y seguir con tu sistema de venta, rechazando las ofertas para dar el salto a la industria de los consagrados o sacudirte todo asomo de diginidad y apostar por las industrias que te garantizan ingresos porque detrás tienen una legislación que les provee de ingresos aunque no vendan.

Unos pocos resisten la tentación (lo que les impide vivir exclusivamente de sus obras y, por si fuera poco, les etiqueta para siempre como ingenuos o pringados), mientras que la inmensa mayoría hace de su capa un sayo y abraza la causa de los creadores que necesitan vender muchas copias porque reciben una mísera compensación por cada una, afirmando fariseamente que no olvidarán su pasado, que intentarán cambiar las cosas y/o que no podrán con ellos. Esa mayoría firma un contrato-basura por el que pierden todo control sobre sus obras y oficializan su precariedad laboral, porque es lo más cómodo y porque todos nos hacemos mayores y buscamos la seguridad de un sistema flagrantemente injusto y descompensado pero que funciona para los pocos privilegiados que pueden acceder a él. No seré yo el que les censure por ser egoístas; lo que me parece lamentable es que traten de presentar su declive de ventas como un robo, un apocalipsis sociocultural o la vulneración intolerable de un derecho inexistente (creer que existe un «derecho» a vivir de las propias creaciones).

Mientras tanto, Internet hervirá de iniciativas ilusionadas, igualitaristas, cooperativas culturales, plataformas de usuarios y demás inventos que servirán de vivero a nuevos artistas; y de paso pondrán a caldo el modelo de gestión para consagrados, echarán pestes de los que se cambian de bando y lograrán unas pocas victorias parciales que servirán de argumento en foros, debates y discusiones interminables. Pero no cambiará nada: la industria para consagrados seguirá generando beneficios a base de contratos abusivos y el gobierno les entregará --porque la ley lo avala-- un dinero que consideran que se les debe. Para esta gente hay dos premisas innegociables: 1) que el artista tiene derecho a vivir de sus obras y 2) la venta de copias de sus obras es la única manera que tiene de obtener ingresos. No les sacaremos de ahí.

No habrá forma de cambiar los márgenes de las partes contratantes ni hacer llamamientos a boicots en forma de consumo responsable, porque aunque nadie compre copias de las obras de los boicoteados éstos seguirán percibiendo ingresos por decreto de copias que han dejado de vender en base a criterios imposibles de establecer. ¿Cómo calcular lo que dejamos de vender o ganar? Eso no importa, lo importante es conseguir que el gobierno reconozca por ley su pérdida (como ya ha sucedido con las eléctricas) y les compense por ello durante dos o más generaciones.

A la gente que, como yo, acumulamos lecturas, procuramos mantenernos informados, luchamos por alcanzar una buena capacidad de síntesis, perfilamos nuestro espíritu crítico a base de comparar fuentes y, además, escribimos sin faltas de ortografía, nos pueden dar por el culo. Simplemente no contamos, no existimos, no somos nada, porque no suponemos una amenaza para El Sistema, ya que hemos decidido ofrecer nuestra contribución a cambio de nada, no porque estemos convencidos de que nadie se hace millonario exclusivamente a base de talento.


http://bajarsealbit.blogspot.com/2012/01/ser-o-no-ser-ahi-esta-la-frontera.html

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