Translate

martes, 20 de diciembre de 2011

Patologías conceptuales de la Generación X

La Generación X es una denominación sociológica que agrupa --año arriba, año abajo-- a los nacidos entre 1964 y 1980, más conocidos en los libros de texto como los baby boomers, cuyo crecimiento vegetativo está modificando la composición de la pirámide de edades de la sociedad occidental, amenazando con convertirla en un trapecio invertido. El escritor Douglas Coupland publicó en 1991 una novela titulada precisamente Generación X, que popularizó el término y puso el foco en una generación que presumía de haber roto barreras y clichés sin necesidad de dinamitar --por primera vez en la historia-- todos los puentes con la de sus padres. Cuatro años más tarde, Coupland remachó el clavo con el retrato de los últimos baby boomers en Microsiervos (1995): veinteañeros recién salidos de la adolescencia que se autoconvencieron de que la tecnología que estaba a punto de dar lugar a Internet prolongaría el parque temático que había sido su infancia hasta bien entrada la madurez. El asamblearismo de los incipientes foros digitales contribuyó poderosamente a consolidar ese espejismo infantilizador: creyeron que la diversión en el trabajo no estaba reñida con una alta probabilidad de hacerse millonario cabalgando sobre una ola de tecnología inédita que les llevaría a un lugar donde no habría sitio para la desigualdad, el sufrimiento o la decepción. Y así fue, pero resultó que aquel lugar no era Jauja, sino el consumismo, el convencionalismo y otros ismos menos benévolos.



El paso de los años ha puesto en su sitio el escaso alcance de las reformas y revoluciones de la Generación X, desmentido su aparente neutralidad respecto al pasado y a su descendencia y evidenciado su preocupante tendencia al conformismo y al conservadurismo, acorde con el incremento de la estabilidad laboral y sentimental. En mi opinión, lo que verdaderamente marcó la juventud de la Generación X fue el miedo al paro, el temor a no ser consumidores de pleno de derecho, como lo fueron sus padres. Todo lo demás era accesorio. Sus hijos, en cambio, crecen sabiendo que el trabajo estable al que finalmente accedieron sus padres ya no será posible; ellos tendrán que conformarse con una vida laboral discontinua y precaria, y sobre esa evidencia construyen su ética, su ocio y sus estructuras sentimentales y familiares. Serán otros quienes cuenten cómo acaba esa historia. De momento, y sólo para entretenernos, profundicemos en algunas de las filias y fobias de la Generación X, ingeniosamente descritas por Coupland en Microsiervos. Quién sabe si saldremos mejorados de la lectura:

Géiser de ketchup emotivo: reprimir las emociones y opiniones dentro de uno de modo que broten violentamente todas a la vez, sorprendiendo y confundiendo a los jefes y los compañeros de trabajo, la mayoría de los cuales creían que las cosas iban bien. Un clásico de todos los tiempos tan consolidado que ha acabado convirtiéndose en un tópico de telefilme.

Envidia demográfica: envidia de la riqueza y el bienestar material de los miembros de la generación de los años cuarenta en virtud de su afortunado nacimiento. Ese sentimiento se ha trasvasado, mediante complejos y oscuros malabarismos sociopolíticos, a los hijos de la Generación X.

Solidaridad generacional: necesidad que tiene una generación de detectar defectos en la siguiente con objeto de reforzar el propio ego colectivo: «los chicos de hoy no hacen nada. Son unos apáticos. Nosotros salíamos a protestar. Lo único que hacen es comprar y quejarse». Coupland sintetiza, quizá sin saberlo, uno de los inconscientes universales de toda generación con descendencia o sucesión. En todo caso, las frases que pone de ejemplo son la prueba de que la Generación X también la experimenta.

Exitofobia: miedo a que si se tiene éxito se olvidarán las necesidades personales y nunca se satisfarán las necesidades infantiles. Uno de los perversos efectos colaterales de la nostalgia mal digerida del núcleo familiar de la infancia.

Bambificación: transformación mental de las criaturas de carne y hueso en personajes de los dibujos animados que poseen las actitudes y la moral burguesa judeo-cristiana. Variante del Síndrome del visitante de Tierra Santa en versión Generación X: suele aparecer tras la primera visita a un parque Disney en compañía de niños pequeños.

Menosismo: filosofía según la cual uno se reconcilia consigo mismo disminuyendo las expectativas de riqueza material. Último puente moral que se reserva la Generación X para autoconvencerse de que su completa rendición ante el consumismo sin asomo de mala conciencia es meramente pasajero.

Culto de la soledad: necesidad de autonomía a toda costa, por lo general a expensas de las relaciones duraderas. Con frecuencia surge porque se espera mucho de los demás. Muy propio de los que acaban de salir de una ruptura traumática. Es un propósito que no se suele alargar más allá de la primera relación sexual de la nueva fase.

Pan y circuitos: tendencia de la era electrónica a considerar los partidos políticos superados, por no ser relevantes, significativos ni útiles para las exigencias de las sociedades modernas, y resultar peligrosos en muchos casos. En la práctica, se consideran superados por innecesarios (el mundo funciona por inercia según la Generación X), no porque la era electrónica los haya hecho prescindibles. El compromiso político, en general, disminuye a medida que aumenta el deseo de comodidad y el absurdo empeño por comprender un mundo crecientemente complejo a base de argumentarios que duren lo mismo que un spot publicitario.

Boicot del votante: intento, inútil por otra parte, de expresar el desacuerdo con respecto al actual sistema político no votando. Es el correlato práctico del punto anterior.

Rebelión pospuesta: tendencia juvenil a evitar las actividades y experiencias artísticas típicas de la juventud para concentrarse en una perspectiva laboral seria. A veces, hacia los treinta años, la tristeza por haber desperdiciado la juventud va acompañada de cortes de pelo absurdos y ropa cara pero ridícula. Sin duda, la mejor definición del ochentero que se ha dado hasta ahora.

Minimalismo ostentoso: estrategia vital semejante a la sustitución de status. Rechazo de bienes materiales exhibido como índice de superioridad moral e intelectual. Es la versión profesional del menosismo: consiste en la adopción en una ética elitista que anuncia la consagración social de los bobos.

Teleparábolas: enseñanzas morales utilizadas en la vida cotidiana que se derivan de series televisivas. Extraña aspiración/fijación de los padres de la Generación X, que anhelan ofrecer una pedagogía estúpidamente adaptada a los tiempos y formas de la narración audiovisual adolescente.

Conejismo: hipersensibilidad a los grupos, típica de quienes se han criado en una familia numerosa. (Constituyen una rareza en los nacidos después de 1965). Los síntomas de conejismo incluyen facilidad para los juegos mentales, tendencia a la introversión en situaciones de superpoblación, y una profunda necesidad de espacio personal muy bien definido. Creo que yo lo padezco.

Propietarios: el subgrupo más frecuente de la Generación X, y el único subgrupo dado a reproducirse. Los «propietarios» existen casi exclusivamente por parejas y son reconocibles por sus intentos frenéticos por recrear algo parecido a la abundancia de la época Eisenhower en su vida diaria, a pesar de los precios exorbitantes de las casas y la necesidad de tener dos sueldos. Los «propietarios» tienden a estar a menudo exhaustos debido a su voracidad adquisitiva de muebles y chucherías. La sobreabundancia de «propietarios» hace que, en ocasiones, se les considere la única y principal seña de identidad de la Generación X.

Personalidad diezmada: precio que se paga por convertirse en pareja; los seres humanos, anteriormente divertidos, se convierten en aburridos. Uno de los mitos urbanos más arraigados de la Generación X. Tal es su poder, que se ha transmitido a la siguiente sin pérdida apreciable de prestigio y/o aura de certeza.

Ironía refleja condicionada: tendencia a hacer automáticamente comentarios irónicos en las conversaciones cotidianas. Efecto indeseable del conejismo, habitual en personas con estudios superiores y facilidad de palabra que acumulan un amplio historial de decepciones sentimentales inconscientemente autosaboteadas.

Apatía inducida por la fama: convicción de que ninguna actividad merece la pena a menos que uno se pueda hacer muy famoso. La apatía inducida por la fama se parece a la pereza, pero sus raíces son mucho más profundas. La gasolina que alimentó los sueños de juventud de una generación, hoy apenas visible en libros, películas o canciones nostálgicas acerca de un pasado feliz que lo es precisamente porque no podemos volver a él y nadie nos lo puede modificar.


http://bajarsealbit.blogspot.com/2011/11/patologias-conceptuales-de-la.html

Quizás también te interese:

Plugin para WordPress, Blogger...

PrintPDF