Translate

jueves, 27 de octubre de 2011

Agotados de esperar el fin (de la crisis)

Si Paul Krugman pide que Grecia (y con ella el euro) se hunda significa dos cosas: la primera que es más que probable que tal hundimiento se produzca; la segunda --y todavía mejor-- que no será ningún apocalipsis social, ni crisis inédita del capitalismo, ni amenaza global al estilo Lehman Brothers ni bla, bla, bla... Si al final la debacle se produce los inversores privados van a perder mucho, mucho, mucho, pero que mucho dinero. Para evitar unas pérdidas millonarias (privadas, lo remacho una vez más) de quienes les prestan dinero y les ofrecen liquidez a corto plazo, los políticos europeos diseñan planes de rescate a todo trapo: cantidades, proporciones, países afectados, procedimientos, garantías políticas... todas las variables se modifican menos una, que parece sagrada, aunque cada vez más cuestionada: que los bancos deben ser rescatados porque no deben perder dinero. Y es que si los bancos pierden dinero los Estados (y los mandatarios en activo) se quedan sin liquidez para gobernar. No porque no lo puedan conseguir por vía legislativo-fiscal, sino porque los mercados (privados) no les fían ni les adelantan.

Ahora mismo estamos así: los políticos europeos reuniendo dinero con el que garantizar una deuda telúrica (provocada por los mercados) de los países con problemas. Y además, consecuentes con este objetivo, recortando gastos en todo lo que parezca derroche en servicios públicos que de pronto, por necesidades coyunturales, se caen de la lista de prioridades básicas del estado del bienestar.

Desde la perspectiva del usuario/consumidor, en cambio, el análisis es muy diferente: el problema se debería atacar al revés, por el lado de los ingresos (aumentar impuestos a los ricos, porque existe una clara percepción de margen para hacerlo) en lugar de reducir irresponsablemente el gasto (hasta dejar la deuda en niveles manejables). De este modo, argumentan en bares, taxis y tertulias de sobremesa, se dispondría de dinero para pagar la deuda sin necesidad de recortar servicios básicos, tradicionalmente gratuitos y universales. La gran paradoja es que de pronto el usuario/consumidor reclama aumentar impuestos después de dos décadas completas de aplaudir y votar cualquier rebaja fiscal que afectara a su patrimonio de supervivencia. Primer síntoma de un colapso financiero profético: olvidar y/o ignorar (por conveniencia interesada) que si la principal beneficiaria de una rebaja de impuestos es la clase media los ingresos del Estado se irán a pique. Pero claro, antes de 2007 eran otros tiempos, y hasta los muertos de hambre querían pagar menos impuestos. Segundo síntoma del desastre profético: cuando los muertos de hambre apoyan rebajas de impuestos sin dejar de exigir una mayor inversión y extensión de los servicios gratuitos y universales del estado del bienestar. Durante demasiado tiempo, a la clase media le interesó olvidar que si ellos se beneficiaban de una reforma fiscal, los ricos se beneficiaban el triple.

Los empresarios y los inversores, como es lógico, no quieren oír ni hablar de aumentar la presión fiscal, porque eso les impedirá cumplir la tarea a la que se sienten tan dignamente llamados: sacar a las economías nacionales de la depresión. Con la boca pequeña, además, reconocen que les deja sin el margen financiero del que han disfrutado durante veinte años, el cual les permitía invertir con garantías o hibernar el capital y vivir sin problemas (que es lo que están haciendo ahora). Llevamos demasiado tiempo haciendo apología del inversor y del emprendedor: antes de 1980 los elogios populistas se los llevaba el trabajador por cuenta ajena; ahora encadenamos treinta años machacando con el mantra del empresario como el corazón del crecimiento y del bienestar. El discurso oficial deja muy claro que sin empresarios no hay capital ni riqueza, mientras que los trabajadores --que purgan con su salario mínimo su cautela o su falta de visión estratégica-- apenas contribuyen a la cadena de valor. Al contrario: resultan más bien un lastre al no plegarse a toda exigencia de flexibilidad.

La quita de la deuda griega pactada por la Unión Europea equivale a evaporar ganancias por decreto (aunque nadie admite en voz alta que, a estas alturas, las posibilidades de cobro son prácticamente nulas), algo así como resetear el contador hasta un punto menos crítico decidido por consenso unilateral; y supone enormes pérdidas para la banca que aceptó prestar dinero avalado por unas garantías más que dudosas. A pesar de eso, las economías europeas no se detendrán, ni dejará de circular el dinero, simplemente habremos alcanzado el escenario que los ricos temen por encima de la muerte, el Gran Tabú Innombrable: la suspensión de pagos. Será necesario volver a apostar por una economía industrial y de servicios (de menores beneficios pero más estable) como motor de la recuperación económica y olvidarse de una financiera (de grandes beneficios inmediatos pero de una inestabilidad imprevisible).

Mientras los inversores se recuperan del batacazo a la demanda interna ni se la verá ni se la esperará, porque todos estaremos conteniendo la respiración, cruzando los dedos para conservar o no nuestros puestos de trabajo, lo único que no podemos permitirnos el lujo de perder. Ese es nuestro único consuelo. En cambio, los bancos, los emprededores, los financieros, los inversores, los políticos europeos, habrán perdido algo más valioso que el dinero: el prestigio que les hacía intocables, infalibles, ¿admirables? Como advierte Krugman: ahora mismo, los ajustes que padece el usuario/consumidor están generando mucho sufrimiento, pero no para volver al crecimiento tras un purgatorio económico y social, sino para generar un sufrimiento mayor y más duradero. ¿La razón? Que los gestores de lo público siguen creyendo en la necesidad de que los inversores privados no pierdan dinero, especialmente los bancos de su misma nacionalidad.

Hay una cosa que cada vez está más clara: en una crisis financiera es más complicada la solución que el problema, porque después de ¡cuatro años! ni los expertos se ponen de acuerdo sobre la magnitud de la tragedia.


http://bajarsealbit.blogspot.com/2011/10/agotados-de-esperar-el-fin-de-la-crisis.html

miércoles, 12 de octubre de 2011

Teorías convenientes para mi mentalidad: 7. Historia universal de la convivencia en pareja

1. Las fases en una relación de pareja
2. La invisibilidad no sincronizada y la doble decepción masculina
3. Hombres
4. Ese universal e irrefrenable deseo de convivencia
5. Wapis
6. Madres profesionales. Madres eclipsadas

Durante 9.983 años las mujeres se ocuparon de la casa, sus maridos y, muy especialmente, del cuidado de los hijos. Entonces, cuando quedaban diecisiete años para celebrar por todo lo alto los primeros 10.000 años de vigencia de este bonito modelo, llegó un señor llamado Woody Allen y dijo que muy bien, que cumpliría con las responsabilidades de un padre respecto a los hijos adoptados de su pareja, pero que prefería quedarse en su casa, mientras ella y la prole se arremolinaban en otra, y pasar allí fines de semana, escribir sus guiones, ver tele y demás momentos puntuales. Seguramente no fue el primer caso de relación no convivencial de la historia de la humanidad, pero como se trataba de un personaje famoso la cosa tuvo bastante repercusión social y ha quedado bastante bien documentada.

Más tarde, cuando los divorcios anuales superaron a los matrimonios y los solteros/as más enquistados se resistían a perder sus zulos de ocio, independencia y nivel de vida a cambio de un modelo antiguo sin garantías, surgieron por todas partes las parejas no convivenciales, con o sin hijos. Resultó que todo eran ventajas respecto al viejo modelo todos-en-la-misma-casa (también denominado a veces bomba de tiempo): distribución de tiempos y responsabilidades, posibilidad de poner tierra de por medio en caso de tensiones o disputas, agradable (aunque irreal) sensación de estar siempre en la Fase 1, que, en todo caso, era evidente que duraba más que en el modelo antiguo. Todo encajaba sin dificultad, daba la sensación de ser una solución mucho más civilizada, menos intrusiva y mejor para todo lo doméstico en general. Lo malo es que esta gente no previó el factor apalancamiento masculino: al final el hombre pasa más tiempo en casa de ella que en la suya y no hay manera de sacarlo de allí (porque es más cómodo, claro). El modelo no convivencial mutó, se degradó hasta extremos desconocidos y acabó convertido en una variante --mejorada en sus defectos-- del modelo antiguo. Y todo ello sin que hubiera habido acuerdo mutuo ni previo.

Han pasado más de dos décadas desde que el modelo no convivencial amenazó (levemente, ahora ya lo sabemos) al antiguo, y nuevos decubrimientos parecen anunciar probables mejoras que hay que explorar, gracias a las lecciones aprendidas. Por ejemplo, ahora sabemos que si un miembro cualquiera de la pareja se subroga unilateralmente cualquier tarea doméstica (especialmente de las que hay que realizar por narices en días laborables) provoca un implícito y nunca declarado efecto liberador equivalente en su cónyuge, que se siente --implícitamente también-- exonerado de por vida. Por eso, la mayoría de individuos que conviven en pareja se cuida muy mucho de hacer algo así, porque eso supone abrir una primera grieta que dejará paso --tiempo al tiempo-- al modelo antiguo. La realidad práctica es que la convivencia en días laborables se convierte en un campo de batalla repleto de escaramuzas no anunciadas, gestos parciales nunca acordados y leves derrotas que provocan cabreo oculto. Este concepto es otro descubrimiento relativamente reciente, y consiste en el resquemor que acumula cualquier miembro de una pareja cuando descubre que su cónyuge se escaquea todo lo que puede, especialmente en las tareas domésticas. Lo que aún no sabemos es si algún día daremos con una fórmula que permita calcular el punto de ignición del cabreo oculto. Lo curioso es que, quienes --por circunstancias-- no tienen pareja o crían a sus hijos sin ella, como no tienen más remedio que hacerse cargo cada día de cada día de cada día de las tareas domésticas, resulta que responden mucho mejor a este imperativo situacional y se organizan mejor. Y además, según han puesto de manifiesto algunos experimentos en entorno controlado, no acumulan cabreo oculto.

Quién sabe si estaremos a las puertas de un nuevo paradigma convivencial, compatible con nuestro actual estilo de vida formalmente igualitario. Lo que es seguro es que el modelo antiguo y su leve alternativa acumulan demasiadas evidencias en contra para resultar válidos y fiables por poco tiempo más. Necesitamos un Karl Popper de las relaciones que demuestre la inutilidad de tanta fruslería y se atreva con una nueva versión de La convivencia abierta y sus enemigos.

(continuará)


http://bajarsealbit.blogspot.com/2011/10/teorias-convenientes-para-mi-mentalidad.html

jueves, 6 de octubre de 2011

¿Necesitamos otra lógica? (6)

Versiones anteriores:
29/08/2007
04/05/2009
29/03/2010
03/02/2011
16/06/2011

Grecia debería declarar de una puta vez la suspensión de pagos y dejar que el pánico se apodere de los mercados y de los gobiernos, que no han sabido y/o no les ha dado la gana hacer nada para poner remedio a una situación que pedía desesperadamente intervenir legislativa y fiscalmente. Trichet se va a su casa de una puta vez sin haber bajado el precio del dinero --que es lo que le reclama todo el mundo, aunque sólo sea por intereses parciales-- ni haber dudado un segundo de la utilidad de su lunática labor para mantener los precios estables, un indicador que en estos momentos a la mayoría se la trae floja. Los mandatarios al frente de los gobiernos europeos de la zona euro deberían subir de una puta vez los impuestos para aumentar los ingresos, en lugar de empecinarse en ahorrar. No basta ni sirve gastar menos para pagar una deuda inmensa con pocas probabilidades de cancelar; lo que hay que hacer --esto lo sabe un estudiante de primero de económicas-- es aumentar los ingresos, y ellos tienen el poder y los instrumentos legales para hacerlo; si no lo hacen es porque prefieren defender intereses más privados. Los profesionales de los mercados deberían, al menos una puta vez en su vida, poner en práctica eso que repiten debe ser el capitalismo pero nunca se aplican a sí mismos: dejar que se hundan los bancos con problemas, adoptar la misma actitud que aceleró la caída de Lehman Brothers. Será una hecatombe, un desastre en el que habrá dramas humanos y se perderá dinero, es cierto, pero cualquier cosa antes que esta dinámica de escamotear errores privados a base de obsesionar a la opinión pública por el pago de la deuda. La deuda la crearon ellos: me parece justo que también se la coman.

Hace poco, Alessio Rastani, un broker que trabaja en el distrito financiero londinense, dijo en voz alta, en el momento más inoportuno, lo que todos admiten en privado pero niegan o callan en público: que a los mercados lo único que les interesa es ganar dinero, aunque para eso tengan que hundir el sistema económico que les sirve de base. Es la misma lógica empresarial que apostará por las energías limpias después de --y sólo entonces-- haber vendido a buen precio la última gota de petróleo del planeta. La mayoría lo intuímos, los expertos lo saben y tienen pruebas, pero estos últimos (incluidos los políticos) se escandalizaron porque Rastani fuera sincero: que él --y todos los que hacen lo mismo que él-- está deseando que haya una recesión para maximizar su ganancia en río revuelto. O son estúpidos o tienen algún oscuro interés en que lo creamos...



El mercado financiero, intangible por definición, no genera riqueza en el sentido en que lo hace el industrial o el de servicios; no revaloriza los activos que sirven de garantía más que en un sentido virtual, puramente especulativo, basado en un consenso unilateral. En todo caso, es el mercado que genera beneficios de forma más rápida y mayor que el resto, y eso es lo que ha importado e importará a sus actores y partes interesadas. Un hundimiento parcial de algunas instituciones financieras privadas tendría efectos sobre el empleo y la circulación del dinero, pero no detendría, ni mucho menos, la economía. Habría que pagar un precio, está claro, pero ya no sería en forma de rescates con dinero público. Ahora, una vez que han demostrado que no saben gestionar con dinero propio ni ajeno, es hora de permitir que mueran en paz. Lo que venga después no se sabe de qué errores enfermará, pero muy idiotas tendríamos que ser para permitir que se desarrollara bajo las mismas reglas de juego que hasta ahora.

La única puta manera de que los actores que controlan la economía hoy día dejen el sitio a otros es que se arruinen y tengan que hacer las maletas. No tenemos ninguna garantía de que quienes les sustituyan tengan mejores soluciones, pero es que con los actuales estamos a las puertas de una nueva recesión sin haber acabado de salir de la anterior. ¿Seguro que saben lo que se hacen? Voto por dejar que el sistema resurja de las cenizas de ellos antes que de las mías.

Necesitamos unos cuantos Lehman Brothers más.


http://bajarsealbit.blogspot.com/2011/10/necesitamos-otra-logica-6.html

Quizás también te interese:

Plugin para WordPress, Blogger...

PrintPDF