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miércoles, 29 de junio de 2011

Teorías convenientes para mi mentalidad: 1. Las fases en una relación de pareja

«Estamos diseñados para anhelar vivir en pareja, pero no para vivir en pareja. Estamos diseñados para el enamoramiento y la pasión» Isabel Coixet. 2011

Todas las relaciones de pareja pasan necesariamente por 3 fases:

La denominación oficial de la Fase 1 de cualquier relación es Sexo y hablar. Tiene una duración media de seis meses.

La Fase 2 se denomina Ajustar la maquinaria y en ella se quedan el 99,3% de las parejas. Existen infinitas variantes de la Fase 2: rutinaria en plan empresita de servicios (criar hijos y punto), en plan normal, bien, mal, regular, tópicos, poca pasión... hay tantas como parejas. Por esta razón, en esta fase, no se pueden dar consejos de una a otra pareja porque no son equiparables, los consejos se deben limitar a la Fase 1. Tarda una media de dos años en completarse.

Y finalmente está la Fase 3, que se denomina Hasta el infinito y más allá, y es una comunión de bienestar mutuo, fantásica, adorable y sin esfuerzo tan perfecta y envidiable como poco común. Los hijos suelen engañarse pensando que sus padres accedieron a ella (y a pesar de eso creen que ellos pertenecerán también a los elegidos), pero lo cierto es que a la Fase 3 sólo acceden tres parejas cada siglo.

(continuará)


http://bajarsealbit.blogspot.com/2011/06/teorias-convenientes-para-mi-mentalidad.html

jueves, 16 de junio de 2011

¿Necesitamos otra lógica? (5)

Versiones anteriores:
29/08/2007
04/05/2009
29/03/2010
03/02/2011

[Tras cuatro años de crisis] «¿Hay más controles sobre los mercados y los bancos? ¿Han pagado por la crisis los principales culpables? ¿Ha servido la crisis para cambiar de modelo de crecimiento? ¿Cómo hemos pasado de la crisis financera a la crisis de la deuda?». Carles Capdevila, 2011.


Por lo general ya es complicado ir contra el pensamiento mayoritario, pero aun lo es más si no se dispone de canales socialmente prestigiados (por definición monopolizados por el grupo dominante) para difundir mensajes críticos o cuestionadores. No acceder a ellos condena al pensamiento minoritario y/o alternativo al desprestigio, el ninguneo, el menosprecio o, directamente, la burla, de manera que las posibilidades de que se produzcan consecuencias objetivas y verificables a las reivindicaciones propuestas se acercan peligrosamente a cero. A esta grave dificultad hay que añadir la tendencia genética del pensamiento minoritario, desestructurado y asambleario también por definición, a perderse en debates lastrados por el principio de supervivencia: réplicas y contrarreplicas inacabables que acaban aupando a una elite no explícita ni elegida (que ni siquiera se autorreconoce como tal por un prurito mal entendido de igualitarismo) cuyas prioridades suelen carecer de perspectiva, o en demandas difícilmente alcanzables (o, en todo caso, de algo que suponga una seria advertencia al statu quo) debido a la inexperiencia en la praxis política instittucionalizada, introduciendo a menudo elementos humanitaristas que poco aportan, incluso perdiéndose en declaraciones y premisas secundarias no siempre relacionadas con el problema a combatir.

En la batalla contra el pensamiento neoliberal mayoritario que impregna la política económica occidental (que se presenta ante el usuario/consumidor como si se tratara de gestión inocua, sin ideología), los libros de la canadiense Naomi Klein proporcionan el argumentario y las teorías básicas que pueden actuar en el lector como detonante concienciador de aquellos sectores tradicionalmente no informados ni implicados en el debate político. El problema es que sus textos no abandonan la descripción densa de un mundo sistemáticamente negado/oculto por las elites económica y política. Sus reflexiones revelan implícitamente la existencia de un mundo, vetado a los mortales, en el que no existe la corrección política que normalmente exhiben políticos y agentes del lado de la oferta; un mundo donde el pensamiento se expresa con la misma crudeza y falta de conciencia social que le presuponen los agentes de la demanda. Como carga de profundidad contra el El Sistema son textos irreprochables y necesarios, pero al usuario/consumidor le acaban por provocar distanciamiento y escepticismo. No pongo en duda nada de lo que dice Klein, pero es difícil que sirva para movilizar a quienes están demasiado acostumbrados a sufrir las consecuencias de la aséptica y al parecer unívoca «gestión sin ideología» de capitalismo global. Tanta abstracción erudita no moviliza más que al iniciado, al informado, al que puede llegar a alinearse con el pensamiento mayoritario, al que comparte buena parte de las lecturas de cabecera del neoliberalismo que desprecia. Klein escribe y teoriza para quienes, participando más o menos en el complejo político-económico y sean del bando que sean, están abiertos a la duda, a la posiblidad de admitir que el neoliberalismo no es la solución para todo (excepto para que los ricos se enriquezcan más). Ahora bien, ¿qué pasa con los descontentos sin formación superior y/o especializada?

A estos usuarios/consumidores de a pie, la lectura de No logo (2001) o de La doctrina del shock (2007) --adaptada al documental en 2009 por los cineastas Michael Winterbottom y Mat Whitecross-- puede convertirse en una labor que exija demasiado sacrificio; que no acaben de relacionar la descripción minuciosa de estrategias manipuladoras que denuncia con efectos concretos en la política social, que es el ámbito con el que se identifican de manera natural. El problema es que las pruebas de semejantes comportamientos no existen; las injusticias se comenten en la seguridad infranqueable de los despachos de las multinacionales, por lo que se hace difícil tomarlas como parte de una plan maestro cuyas acciones nunca admiten en público sus responsables. Para estas audiencias resultan mucho más atractivos ensayos como los de Michael Ignatieff o Stéphane Hessel, donde se desmenuzan hechos y situaciones del pasado reciente, ampliados con informaciones ocultas o distorsionadas en su momento. La empatía es más fácil de conseguir cuando existe un hilo narrativo en forma de caso específico: laboratorios que hacen vertidos ilegales, políticos que mienten sobre la localización de armas de destrucción, estafas financieras a gran escala, corrupciones al más alto nivel, desigualdades flagrantes, víctimas inocentes... Es más probable que el lector conozca de primera mano estas cosas en lugar de estar al corriente de los usos sociales y profesionales entre ejecutivos internacionales.

Historias ejemplares con implicados localizados y detenidos, culpables confesos, victorias parciales de los débiles frente al todopoderoso Sistema, narraciones esperanzadoras que demuestren que, aunque se tarde dos décadas en introducir mejoras legislativas o corregir injusticias, vale la pena canalizar las protestas en movimientos que sean capaces de convertirse en alternativa política o, al menos, influir sobre los que mandan. Pero sin falsas moralinas sobre el rechazo a la violencia, porque ya es hora de admitir que sin enfrentamiento o insumisión no hay cambio posible; hay que asumir un cierto grado de tensión violenta incontrolable, no programada ni organizada, porque reconocer que los «conductos reglamentarios» garantizan ser escuchados y tenidos en cuenta en la toma de decisiones es perder la batalla desde el minuto cero.

Sin pretender justificar ni amparar la violencia contra las personas pregunto: ¿Acaso el malestar al margen de la partitocracia democrática, expresado pacíficamente, lograría cambiar o, por lo menos, ralentizar el rodillo ultralegítimo del aparato institucional? ¿Acaso desde dentro del Sistema SIEMPRE se pueden arreglar las cosas? ¿Estamos seguros de que la lentitud y lo limitado de los cambios desde arriba no tienen nada que ver con el descontento que recorre Europa?


http://bajarsealbit.blogspot.com/2011/06/necesitamos-otra-logica-4.html

miércoles, 1 de junio de 2011

Modelos de negocio cautivos: ordenadores, impresoras, cafeteras

Nestlé tiene montado un modelo de negocio calcado a los que solemos ver en el entorno tecnológico: un sistema propietario completamente cerrado en el que ellos mismos, como único fabricante licenciado de un hardware no compatible, suministran el consumible imprescindible para su funcionamiento. Ya pasó algo parecido con los ordenadores: IBM licenció la plataforma PC y pasó tiempo hasta que permitieron (previo pago, por supuesto) que otros pudieran ensamblarla fuera del paraguas de su marca. Al principio había miedo, pero poco a poco los ordenadores clónicos se hicieron un hueco en el mercado. El usuario/consumidor acabó valorando la relación prestaciones/precio, un combate en el que las grandes marcas (HP, NEC, DELL, la propia IBM) se llevaron las de perder. Hoy día sólo compramos hardware a estos fabricantes de referencia cuando queremos mantener una buena garantía posventa; para todo lo demás, el mercado es de los clónicos.

Lo mismo pasó con las impresoras: HP y Canon comenzaron a fabricar unas impresoras muy adaptadas para uso doméstico a unos precios realmente reventados. Lo podían hacer porque el negocio estaba en la venta de cartuchos y de papel «especial» para cada modelo de impresora. En el caso de Canon, además, se da la circunstancia de que el cabezal va integrado en el propio cartucho, por lo que si no usas la impresora durante un tiempo la tinta se seca y se obstruye. Es necesario llevar la impresora a limpiar... o comprar otra impresora (total, para lo que cuestan). De nuevo, el negocio se sustenta en la esclavitud del usuario/consumidor: mediante un hardware no compatible éste quedaba obligado a adquirir los consumibles al fabricante de la impresora. Hasta que llegaron los cartuchos reusables del estilo Cartridge World o los compatibles fabricados por terceros: compras el cartucho, lo gastas y vas a que te lo rellenen por menos de la mitad de un recambio oficial. Ante esta intolerable grieta en el monopolio impuesto se lió la cosa en los tribunales (donde todavía sigue). Los propietarios del monopolio de impresión se resisten a admitir que otros puedan fabricar cartuchos válidos porque eso les obliga a fabricar mejor y a ganarse al usuario/consumidor en una guerra de prestaciones y precios. La historia acaba igual: hoy día la inmensa mayoría compra cartuchos compatibles (los más ecológicamente concienciados los rellenan) y sólo los desconfiados, los pastosos y/o los que quieren una garantía absoluta adquieren los consumibles oficiales.

Canon y HP no han quebrado, que yo sepa, así que no veo por qué Marcilla no puede fabricar cápsulas de café compatibles con las Nespresso de Nestlé (más baratas y a la venta en supermercados). Como siempre, por mucho pataleo ante la inevitabilidad de tener que competir en el mercado, el consumidor será quien decida, obligará a incluir en la batalla la calidad del café, y no a perderse en disputas por los derechos legales sobre la fabricación de cápsulas. Si Nestlé hubiera tenido algo más de visión estratégica, habría abierto la posibilidad de adquirir sus cápsulas en cualquier supermercado desde un principio; pero no, aun cuando era una evidencia que cualquier hijo de vecino se había hecho con una Nespresso, ellos mantenían su canal exclusivo de venta (sólo 26 tiendas en España, aparte de internet), se negaron a «obrerizar» el modelo. Presentaron sus tiendas como algo supercool donde te podías encontrar con George Clooney, en lugar de ponerlo a la venta en todos los establecimientos posibles (incluidas las gasolineras, donde podrían compartir expositor junto a los DVD guarros). Es más, estoy seguro de que sin bajar el precio pero abriendo el canal de distribución hoy no supondría una amenaza la decisión tomada por Marcilla. Algo parecido pasó con los alimentos para lactantes (pero al revés: esta vez fue Nestlé la que decidió «obrerizar» el negocio): los farmaceúticos se pusieron de los nervios cuando anunciaron que iban a vender la leche infantil en los supermercados, y no solo en las farmacias. ¿Quién compra hoy estos productos en la farmacia excepto por prescripción médica? Una vez más, el usuario/consumidor sale ganando, pero no porque se encuentre en posición de forzar cambios en el mercado, sino porque los agentes del lado de la oferta acaban comprendiendo que si gana el usuario/consumidor ellos también ganan.

De nuevo toca preguntarse en qué planeta viven estos gurús de la gestión empresarial. Sus análisis teóricos en aulas de marfil no son el verdadero problema; lo son sus lunáticas decisiones, su empecinamiento en impedir que el usuario/consumidor tenga poder de decisión porque eso les aboca a la competencia real, un concepto relegado en la práctica a los manuales de economía. No es por nada que las tecnologías esclavas, el hardware exclusivo o la venta de consumibles por decreto estén detrás de tantas batallas legales y estratégicas: son el recurso más fácil para puentear/acallar la voz del mercado. ¿Cómo no va a haber tantos casos de este tipo en el sector de la tecnología? Apple se está metiendo por un camino parecido a pesar de sus dispositivos tan eficaces: comienza a ser una realidad que hay cientos de widgets no oficiales para iPad que son útiles, y por eso la gente los quiere tener en sus dispositivos. ¿Se lo impedirá Apple?. Tarde o temprano deberá elegir.


http://bajarsealbit.blogspot.com/2011/06/modelos-de-negocio-cautivos-ordenadores.html

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