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domingo, 22 de mayo de 2011

Protestar protestando

El sábado por la noche estuve en la plaza de Catalunya de Barcelona. Llegué justo cuando comenzaba la cacerolada (que se prolongó casi 80 minutos). Profesionales de la protesta desestructurada, advenedizos, despistados, buena gente, ignorantes, utópicos realistas, lateros, ingenuos, jóvenes estudiantes socialmente integrados que sabrán desmarcarse cuando la cosa pierda fuerza, curiosos, ancianos (pocos). Cámaras digitales. Conciencia extrema de testimoniaje. Móviles táctiles a pleno rendimiento. Colchones, recogidas de firmas, huertos improvisados, comisiones de debate. Besos de tornillo. Gente que se pasea entre la multitud para poder decir que estuvo.

Barcelona tiene una larga tradición de movimientos radicales, especialmente el anarquismo de principios del siglo XX, pero desde 1939 (salvo manifestaciones con incidentes y desalojos puntuales) la ciudad no era testigo de un movimiento espontáneo cuyo volumen amenazara con extenderse y prolongarse más de lo conveniente.



Salgo de la plaza: algunos grupos también la abandonan para pasar el sábado noche como cualquier otro (el ocio no tiene por qué verse alterado), otros regresan a la comodidad de sus casas. Sólo se quedan los que se consideran resistentes en un asedio, quizá unos pocos más que en días anteriores. En uno de los lados de la plaza el autobús del aeropuerto funciona con normalidad. Turistas que no ven afectados sus planes; otros observan la plaza, recién duchados tras un duro día de visitas y compras, desde las habitaciones de sus hoteles. Lo comentarán de pasada durante la cena. Una anécdota más para explicar a la vuelta. En las calles adyacentes apenas se observan rastros de modificación de las costumbres: los restaurantes funcionan con normalidad, la gente sale de sus trabajos. Ellos serán probablemente quienes rentabilicen los moderados logros de la protesta.

Cafres, generosos de espíritu, antisistema que han conseguido saltar a las portadas de los medios que desprecian por despreciarles. Revolucionarios que no entrarán en la tierra prometida ni herederán la Tierra. El sueño eterno como viene se irá.


http://bajarsealbit.blogspot.com/2011/05/protestar-protestando.html

martes, 3 de mayo de 2011

Decisiones estratégicas y cambios de costumbres

Spotify anuncia que restringirá las condiciones del servicio en la modalidad gratuita: de las 20 horas mensuales de escucha se pasa a 10, y se limita a 5 el número de veces que se puede repetir una canción (este punto no queda del todo claro, aunque imagino que la restricción es mensual). Yo pensaba que Spotify estaba planteada como una plataforma de escucha de música en streaming (para evitar la copia incontrolada) y financiada por la publicidad y las cuotas de quienes prefieren pagar para no aguantar publicidad. La decisión adoptada ahora tiene toda la pinta de querer forzar un cambio en la situación actual: una minoría que disfruta del servicio de pago y una incalculable mayoría que prefiere aguantar la --hasta ahora-- discreta publicidad porque ya está acostumbrada a la radio y la televisión comerciales. Los expertos dicen que es una estrategia para aumentar los ingresos de cara a una previsible entrada en el mercado estadounidense (que supondrá la negociación con las discográficas de ese país y el pago de importantes sumas de dinero por disponer de sus catálogos).

Spotify fue diseñada para combatir la copia indiscriminada, y el éxito fulgurante hizo pensar a más de uno que el modelo de consumo de música podía trasladarse completamente a la nube, una posibilidad que hacía temblar y/o rasgarse las vestiduras a ejecutivos, tecnócratas y gurús del lado de la oferta. Sin embargo, la aceptación de la fórmula podía hacer pensar que un cambio era posible. Las otras alternativas se afianzan con fuerza en el mercado: el modelo iTunes o una tarifa plana incluida en la conexión ADSL.

Sin embargo, para el usuario consumidor, la medida supone un enorme paso atrás: ¿Qué pasa cuando te has enganchado a una canción y la quieres escuchar a todas horas? ¿hay que esperar al mes siguiente para poder oírla? ¿No es la escucha en repetición la pauta de consumo musical más extendida y la que más negocio puede llegar a generar? La comodidad de disponer en cualquier parte de nuestras listas personalizadas, el salto de un tema a otro, la posibilidad de exhibir nuestros conocimientos a través de las redes sociales.... Todo eso va a quedar cuestionado porque el uso gratuito quedará reducido por decreto. Desde el lado de la demanda lo tenemos muy claro: regreso a iTunes, a nuestras librerías musicales en soportes magnéticos, a la copia privada. A algunos, todavía no dispuestos a pagar por una tarifa plana musical, esto les parece un regreso forzoso a la prehistoria. Yo no descarto pagar el peaje de la tarifa Premium: al final la pereza es lo que nos mueve y si ya tenemos hechas nuestras listas se hace duro volver al reproductor multimedia y a la gestión de archivos.


http://bajarsealbit.blogspot.com/2011/05/decisiones-estrategicas-y-cambios-de.html

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