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martes, 29 de marzo de 2011

Nuevo Positivismo Digital (XIII): El modelo OSI de la Sociedad de la Información

Nuevo positivismo digital: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII


El modelo de interconexión de sistemas abiertos, también conocido entre los ingenieros y tecnócratas como Modelo OSI --y cito la Wikipedia-- es el modelo descriptivo de red creado por la Organización Internacional para la Estandarización (ISO) en el año 1984. Es un modelo teórico basado en siete capas o niveles apilables que describen y ordenan los diferentes protocolos que actúan en una red, empezando por el dispositivo físico (el bit) hasta alcanzar las aplicaciones. Cada elemento permite que sobre ella se implemente el nivel superior, formando una pila o torre. No se trata de una descripción caprichosa ni de un estándar oficial en desuso debido al éxito de un modelo propietario, sino una de esas raras ocasiones en que los ingenieros se han puesto de acuerdo para que los diferentes sistemas puedan comunicarse con garantía y fiabilidad, independientemente de la madre que los parió. No es el único modelo existente; hay otros más extendidos (como el TCP/IP) que resuelven problemas aplicados a otros objetivos, pero en lo básico el Modelo OSI sigue siendo como la mecánica newtoniana aplicada a personas que no van a viajar al espacio: puede que no sea tan precisa como la relativista, pero si no tienes pensado abandonar el planeta Tierra ya sirve.

Acabo de leer Historia de la sociedad de la información (2001) de Armand Mattelart y a pesar de que repite bastantes ideas de libros anteriores, me ha gustado la forma argumentada de incorporar las diferentes contribuciones del pensamiento humano que han dado lugar o servido de base a un aspecto u otro de la denominada Sociedad de la Información. El recorrido histórico del libro me ha recordado a la acumulación de capas que proponía el Modelo OSI y no he podido evitar comparar el nivel físico de un adaptador de red con el ideal ilustrado como fundamento cultural de la sociedad de la información. Otra cosa es que su vigencia y su aplicación práctica cuajaran o no en la sociedad occidental: al fin y al cabo, detrás de los rimbombantes principios de la Ilustración latía una filosofía política irrealista que más tarde la economía política no sólo desmintió, sino que evidenció con argumentos inapelables sus numerosas contradicciones, mentiras interesadas y/o ingenuidades. Aun así, a pesar del fracaso intelectual y social, la utopía ilustrada fue el combustible que alimentó la Revolución Francesa, que consiguió desbancar al feudalismo como sistema social y dar un primer aviso a la aristocracia. Tampoco olvidemos que proporcionó un programa político (al menos un ideal compartido) que, a pesar de no haberse llegado a concretar en la práctica tal y como se formuló, permitió alcanzar unos hitos intermedios que se han convertido --hasta hoy-- en principios fundamentales intocables y completamente vigentes en Occidente. ¿Cómo se come eso?


Así que aquí van, dispuestas de abajo arriba, y siguiendo la distribución en capas del Modelo OSI, las capas que compondrían --en forma de movimientos, tendencias y teorías-- un hipotético modelo histórico de la Sociedad de la Información:

1. Siglos XVII-XVIII: La matemática como modelo de razonamiento útil
a) Bacon: La ciencia empírica, la recogida de datos y la clasificación como actividades científicas sustitutivas
b) Leibniz/Newton/Boole: El algoritmo como teoría y como notación lógico-matemática
c) Pascal/Huyghens: La estadística, la orientación de preferencias en caso de incertidumbre
d) Le Prestre: ingeniería militar formando estructuras reticulares

2. La ciencia como herramienta de gestión científica de la industrialización
a) Saint-Simon: La sociedad jerarquizada como una empresa; la división del trabajo material y espiritual
b) Babbage: La división del trabajo mental. Primer esbozo teórico de una máquina de calcular. La información como mercancía clave para la gestión económica
d) Taylor/Ford: Contabilización y descomposición de tiempos y tareas en la fábrica

3. El nacimiento de las máquinas informáticas
a) Turing: Demostración matemática de la posibilidad de existencia de pensamiento en las máquinas
b) Wiener: Informática aplicada a la guerra, a la sociología y a la Guerra Fría
c) Shannon: Teoría matemática de la comunicación centrada básicamente en el canal; renuncia a la construcción de significado, a la enunciación y a los intereses de los agentes
d) Machlup: Establecimiento del binomio información/conocimiento y su aplicación sistemática al estudio de la producción

4. Los discursos de la sociedad de la Información
a) Bell/Von Hayek: El fin de las ideologias, la tecnología descentralizadora y liberadora. La sociedad de masas (todavía no de individuos) sin disensos amenazantes ni tensiones estructurales
b) Nacimiento de la comunidad de los expertos solapada parcialmente a la de los científicos. Catálogo de teorías aplicadas a la información, de los juegos, de la comunicación; toma de decisiones...
c) Auge imparable del pensamiento previsional (herramientas, consultores, textos, asesores) aplicado a la cadena de valorización de la información como mercancía
d) Toffler: La democracia interactiva y el tecnocomunitarismo
e) Brzezinski: La diplomacia en red (el caso Wikileaks como culminación de esta tendencia)
f) Lyotard: La sociedad posmoderna marcada por la pérdida de fe en los relatos fundacionales de la sociedad centralizada y emancipada

5. El diseño público de la sociedad de la información
a) El modelo japonés: Sustitución de la educación presencial por la telemática
b) El modelo francés: Acumulación y clasificación digital de todo el saber francófono
c) El modelo estadounidense: Desregulación de las comunicaciones en el contexto de un mercado competitivo
d) La utopía/falacia de Gore sobre la mejora de la calidad de la democracia
e) El conflicto por la integración de la información como mercancía en el mercado mundial. El debate sobre el precio de la información: derechos de autor y monopolios industriales

6. El mito de un capitalismo sin fricciones
a) El liberalismo como modelo de gestión único y sin (aparente) contenido ideológico
b) La utopía/falacia de Gates y su capitalismo sin intermediarios
c) La empresa como depositaria de iniciativa y rendimiento. Tendencia a difuminar los componentes físicos de toda actividad mercantil. La utopía/falacia del mercado ideal que garantiza la igualdad de acceso y oportunidades
d) La gestión empresarial como versión mejorada de la actividad política
e) Las resistencias desestructuradas a la globalización realmente existente: Priorización de la acción por encima de la reflexión teórica

Dispuestos así, los diferentes elementos revelan la acumulación de teorías y proyectos --exitosos o fracasados-- que hay tras una etiqueta vaciada de contenido por tecnócratas y gurús. Un modelo que, de paso, revela una impensable/remota conexión entre la ciencia empírica baconiana y los movimientos antiglobalización. También revela cómo unas utopías universalistas han acabado sustituidas por una ideología que afirma no serlo y que explica las realidades sociales, políticas y económicas recurriendo a un criterio de elección racional/empresarial.

La Sociedad de la Información es hoy un proyecto parcialmente arruinado: se ha quedado estancado en la capa 6, tratando de ocultar o minimizar los errores de las capas inferiores por temor a que la perspectiva histórica revele los intereses de un diseño básicamente económico que sin embargo se empeña en presentarse como universal e igualitario. Echo de menos una séptima capa en la que se admita de una vez por todas que la tecnología no modificará ni solucionará la naturaleza de las relaciones y las tensiones sociales. No será necesaria tanta fanfarria milenarista: bastará con vislumbrar el surgimiento de nuevos canales de relación no oficiales, no estructurados y no previstos. Los tecnócratas que inventen, que ya vendrá el usuario/consumidor y se encargará de encontrar un uso compatible con su lógica de la supervivencia.


http://bajarsealbit.blogspot.com/2011/03/nuevo-positivismo-digital-xiii-el.html

miércoles, 9 de marzo de 2011

La sencillez convierte la nostalgia en algo devastador (Tokio blues. Norwegian wood)

He leído Tokio blues. Norwegian wood (1987) de Haruki Murakami conteniendo la respiración, esperando que tras una curva inesperada del relato surgiera algo que me desarmara, una revelación, algo escandaloso, un chute de intensidad... qué se yo. No ha habido nada de eso, pero el hecho de que estuviera en tensión esperando algo me dice que ha valido la pena leerlo. Una vez terminado, sin embargo, siento que he salido vivo de la experiencia. Vivo y entero desde un punto de vista sentimental (emocional sería mucho decir) porque no es fácil enfrentarse a la nostalgia en estado puro. Es uno de los signos de nuestro tiempo: el síndrome de Sthendal ha experimentado una mutación imprevista y hoy está más relacionado con la añoranza del pasado que con la acumulación de belleza.

No puedo hablar de la obra de Murakami en general, ni comparar Tokio blues. Norwegian wood con las demás porque es el primer libro suyo que leo (aunque, tal y como funciona mi mente, eso pronto cambiará), pero hay varias cosas que me han gustado: en primer lugar, el estilo directo y sencillo, el desarrollo de un argumento sin estridencias y sin golpes de efecto artificiales, increíbles o exagerados. En segundo lugar, lo perturbado que me han dejado las descripciones tan precisas (sin metáforas pretendidamente audaces ni jergas que tratan de demostrar que se está a la última) de la actividad sexual de los protagonistas, especialmente una hacia el final (pp. 348-349). No sé qué me ha atraído más: si la maestría de Murakami para tocar el tema o el aspecto cultural de la sexualidad japonesa al que remite indirectamente el texto. De la sexualidad japonesa lo desconozo casi todo, excepto que una mujer con el pubis afeitado es algo que roza lo intolerable (pero eso es algo que también cambiará en breve.Que cada cual se lo tome como le parezca).



La novela es un inmenso recuerdo provocado por una canción de The Beatles, escuchada por azar en un avión que acaba de aterrizar en Hamburgo. Su protagonista --Watanabe-- evoca a una antigua amiga/novia de su juventud y, a partir de ahí, extrae un completo retrato de su propia existencia entre los dieciocho y los veinte años. En realidad, desde una cierta perspectiva, es la crónica de un lento proceso de hundimiento en la soledad: a pesar de la gente con la que intima, se nota que Watanabe ha quedado bloqueado por el suicidio de su mejor y único amigo del instituto, y el reencuentro con la antigua novia de éste no contribuye a la aceptación de los cambios que se producen a su alrededor (básicamente centrados en la necesidad de abrirse al mundo). No obstante, esa sensación no se le impondrá al lector hasta bien avanzado el libro, cuando el mismo Watanabe lo admita (al menos eso me sucedió a mí).

Si la novela fuera de un autor occidental estoy casi convencido de que al final, el relato enlazaría con el presente en el que se inicia la novela y habría tratado de cerrar las tramas abiertas; Murakami en cambio la cierra de forma casi precipitada y hasta tópica, sin preocuparse por atar cabos y ofrecer una narración acabada (sólo en una ocasión se permite abandonar el relato y cerrar su relación de encuentros con un personaje muy concreto). Aun así, es un lunar menor en una novela que engancha, y mucho. A cambio, el texto deja caer una serie de nociones adquiridas por sus protagonistas acerca de la vida y el amor, una secuencia discontinua de abandonos y dimisiones en brazos de la nostalgia, la soledad y la resignación ante la banalidad de la vida cotidiana.

Y luego está el tema de la mujer y del amor ideal desde el punto de vista masculino. Vamos a ver si soy capaz de explicarme: a diferencia del femenino, el narrador masculino no suele entrar en demasiados detalles sobre su objeto de deseo heterosexual; en cambio Murakami cuida mucho la perfección en la descripción de Midori, la amiga universitaria de Watanabe. Dejando de lado el arrebatador look Hepburn que se desprende de las descripciones (un elemento definitivo en mi caso), reúne todos los rasgos deseables en un amor de juventud: sincera, inteligente, abierta, desinhibida, alocada, sensible, directa... Por si eso no bastara hay un detalle que me ha parecido novedoso (precisamente porque siempre se omite o se niega): la posibilidad de que ellas se sientan realmente atraídas por los flujos masculinos. Es algo así como el reverso positivo de los personajes femeninos del género pornográfico: en la pantalla se las ve sedientas de semen, ansiosas por recibirlo, pero sabemos que actúan, que se trata de una pose exigida por el género. En la vida real, además, el tema de los fluidos se suele despachar discretamente y sin palabras, como un mal menor que hay que sobrellevar. Sin embargo, Midori se muestra sinceramente conmovida al recibir en sus braguitas (se lo suplica a Watanabe) el flujo seminal. A mí me parece un detalle altamente revelador del personaje de Midori, aunque quizá la tradición literario-sexual japonesa lo pueda explicar de otra forma. En todo caso me pareció algo más que una pose, algo que encaja con el resto de su adorable personalidad.

Trabajar con materiales potencialmente peligrosos posee un doble mérito: uno es evitar que te estallen entre las manos, el otro es el riesgo de situarse en límites poco transitados que compliquen o condicionen la respuesta del lector. Murakami es un escritor dotado para ambas cosas que además maneja como pocos la evocación nostálgica; dos cualidades que lo hacen atractivo tanto para las generaciones jóvenes (sin apenas pasado pero con grandes deseos de experimentar con la nostalgia como si de una droga de diseño se tratara) como para los que ya tienen una etiqueta para definir a su generación (ansiosos por recuperar adormecidas sensaciones). La tentación es demasiado grande.


http://bajarsealbit.blogspot.com/2011/03/la-sencillez-convierte-la-nostalgia-en.html

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