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lunes, 31 de marzo de 2008

Tiros que salen por la culata...

Soy tan ingenuo: cuando leo la noticia que ha dado pie a este post caigo en la cuenta de que una de las razones por la que los fabricantes cambian de estándar de almacenamiento digital cada cinco años o menos es su (vana) esperanza de dar con una implementación cuyo algoritmo impida la copia indiscriminada. Su nivel de ingenuidad alcanza aquí niveles de escándalo, igualándose en este sentido con el mío (que no había caído en que esa es la razón por la que cada tanto hemos de comprar otra vez las mismas películas y la misma música en un soporte diferente. A lo mejor el verdadero negocio está ahí: ser capaces de vendernos lo mismo una y otra vez).

El estándar DVD ha incorporado hasta la fecha dos sistemas de protección anticopia: el primero fue el Content Scrambling System (CSS), reventado en 1999 por Jon Lech Johansen, un adolescente noruego que quería ver películas en su ordenador equipado con Linux y para elló creó el DeCSS.

El segundo intento de la industria fue Macrovision, incorporado en los DVD-Video a partir de 2005, aunque poco después programas como AnyDVD y similares se lo saltaban sin problemas.

Tanto los discos Blu-ray (estándar apadrinado por Sony y Philips) como los HD DVD (apoyado por Toshiba, Microsoft y NEC) usan el algoritmo Advanced Access Content System (AACS), que fue desvirgado el 26 de diciembre de 2006 (apenas 1 año después de su aparición), tras la publicación del número hexadecimal capaz (en principio) de desencriptar los discos protegidos por este sistema. La noticia de la que se hace eco la prensa se refiere a que Slysoft --la empresa propietaria de AnyDVD-- ha conseguido reventar esta vez el sistema anticopia BD+ que protegía hasta ahora los discos Blu-ray, todo ello con el honrado objetivo oficial de poder hacer "copias de seguridad" de los discos (la forma políticamente correcta de denominar un crackeo en toda regla).

Encontrar un algoritmo inviolable es el auténtico Grial que obsesiona a fabricantes y propietarios de derechos de explotación. Conseguir cada vez mayor capacidad de almacenamiento es secundario, lo verdaderamente importante es detener la sangría de copias incontroladas. Igual que la leyenda del Grial, la existencia de un algoritmo así es también una utopía inalcanzable. Ingenuos los fabricantes y los propietarios de derechos, ingenuo yo también por no haberme dado cuenta antes.

jueves, 20 de marzo de 2008

¿Qué más da --a estas alturas-- que haya o no haya canon? El verdadero mal ya está hecho

El debate sobre el problema del canon se ha dilatado tanto que ha dado tiempo a las industrias disqueras a probar alternativas de negocio (como la de Apple, como la de Nokia). El problema es que todas se estrellan contra la lógica aplastante del usuario/consumidor llevada con toda coherencia hasta sus últimas consecuencias (el cual, al fin y al cabo, exhibe la misma racionalidad implacable que caracteriza a las empresas): ¿Por que comprar algo muy, muy barato si lo puedo conseguir gratis?

El argumento es definitivo y no se le puede oponer nada mientras estemos en una economía de mercado libre frente a una demanda bajo la dictadura del precio de todo y el valor de nada. De aquí no vamos a sacar a la legión de usuarios/consumidores que se baja de todo por las redes P2P. Da igual si pagamos canon por los consumibles para tostar o si al final lo amplían también a los discos duros multimedia. Pero es que también da lo mismo si lo quitan definitivamente. Los usuarios/consumidores seguirán comprando consumibles para tostar y/o almacenar lo que obtienen gratis. ¿O acaso el canon actualmente vigente está resultando un freno para las ventas de este tipo de dispositivos? Yo creo que no. En ese sentido sí que actuamos con una inmadurez flagrante: reclamando la supresión del canon para que el precio --tendente a cero ya de por sí, no nos engañemos-- baje aún más cuando obtenemos gratis los contenidos. Es como esos pardillos que se manifiestan para que las copas en los bares sean más baratas; tan inútil y absurdo como si los narcotraficantes se manifestaran pidiendo precios controlados en el mercado de la droga.

El problema que ha acabado generando el debate del canon, y los sucesivos intentos de levantar modelos de negocio que sustituyan la economía de la copia que imperaba en la venta de discos, es que han provocado un cambio de costumbres. La gente --no solamente los usuarios/consumidores-- no está dispuesta a pagar nada por la música. Frente a esta realidad impuesta por una conjunción de factores en la que no hay un responsable claro, es casi imposible dar marcha atrás, porque la ley no puede ir contra el inmenso tráfico que circula en sentido contrario.

Las empresas nacen, se desarrollan y mueren. No importa que algunas fracasen por el camino porque vendrán otras nuevas a sustituirlas. Al final, la creación orientada a un mercado no saldrá a cuenta, y la música --que no va a desaparecer, digan lo que digan los apocalípticos agoreros-- puede que se busque la vida por otros caminos, más ligados a la autogestión, las giras o lanzamientos de productos de todo tipo. Mientras se desvela esta incógnita a las disqueras sólo les queda agotar un mercado mientras madura otro basado en negocios paralelos y/o adyacentes al consumo de música (mayoritariamente, para su desgracia, gratuita, tostable y distribuible).

Da igual quien provocara este cambio, tanto da que alguien lo anunciara o sobreviniera por pura evolución de la tecnología (al fin y al cabo nadie nunca ha cuestionado, que yo sepa, el lanzamiento de ningún dispositivo de copia digital). No vale la pena desgastarse en documentar el proceso, lo que importa es el resultado. La tecnología ha permitido que surgieran las redes P2P, un mercado descuidado por unas confiadas disqueras y los ciclos económicos han hecho el resto.

domingo, 16 de marzo de 2008

¿Cómo y cuándo sabremos que la televisión ha sido abducida por Internet?

La televisión ha entrado en decadencia. En realidad es una mutación de uso social provocada por un cambio tecnológico. Entonces, si se trata de un mero cambio de plataforma, ¿a qué viene la preocupación constante de los grandes grupos privados de televisión y el despiste de los públicos? ¿Por qué bajan las audiencias de temporada en temporada? ¿Por qué cada vez menos usuarios/consumidores aceptan la pauta que les imponen las cadenas para ver las teleseries? ¿Por qué cada vez más usuarios/consumidores prefieren bajarlas de Internet sin esperar a que las emitan con retraso y despedazadas por tanta publicidad? ¿Por qué casi nadie aguanta entera una película por televisión?

La televisión en pantalla independiente del ordenador, la que hemos conocido hasta ahora, tiene los años contados. En este caso, tiene más sentido que nunca hablar de "convergencia tecnológica", puesto que el auge de Internet está absorbiendo todos los fenómenos multimedia, de manera que pasen por sus redes y, de paso, generen negocio. La cosa es que todo --la música, el cine, los videojuegos, la literatura, hasta la política y las emisiones de televisión-- acabarán convergiendo en el ordenador.

Quitemos un poco de IVA: esta revolución no resulta tan inédita ya que la televisión está acostumbrada a sobrevivir a cambios tecnológicos en principio mucho más inocuos. Hace décadas tuvo que reinventarse casi por completo debido a la universalización del mando a distancia (en principio un artilugio que en nada venía a cambiar la manera de crear programas, emitirlos y/o consumirlos). Sin embargo, con ese aparatito en manos de la audiencia, las cadenas se vieron obligadas a competir ferozmente por ocupar el canal en emisión de los televisores, un espacio concebido hasta entonces como algo estático y seguro que de pronto se vio alterado por la facilidad que suponía cambiar de canal. Para ello hubo que recurrir a ganchos de auténtica ingeniería social para levantar el pulgar del usuario/consumidor: gritos, telebasura, cotilleos, espectacularidad, sexo explícito, morbo, escándalos... No les culpemos por ello, al fin y al cabo al otro lado de la pantalla había personas que no le hacían ascos a semejante avalancha de mediocridad.

De manera que el mando a distancia provocó una considerable aceleración/condensación en el flujo de contenidos: fue uno de los daños colaterales en la lucha cruel por evitar o dilatar al máximo el temido cambio de canal. Internet, ahora, supone una segunda (y quizá definitiva) aceleración/condensación debido al cambio de dispositivo: el mando a distancia ha sido sustituido por el ratón, aunque el zapeo sigue siendo la condición suficiente.

Este cambio tecnológico (televisión emitida a través de Internet) puede que consista --estrictamente hablando-- en un desplazamiento del canal de emisión, pero está acarreando de paso nuevos modelos de negocio, como los que ya están explotando las compañías de telecomunicaciones: hacer llegar los programas a través del ADSL. Ahora enchufamos los aparatos de televisión a los routers inalámbricos; puede que dentro de poco los televisores que salgan al mercado ya lo lleven incorporado. La televisión llega por el cable del teléfono porque es lo más rápido, lo más rentable y no requiere una modificación tecnológica traumática.

¿Y la audiencia, asiste impasible a este aluvión de novedades? Pues me temo que no. En primer lugar, el usuario/consumidor tiene otras expectativas respecto al medio, radicalmente distintas de las que llenaban las tardes de domingo en el sofá durante las pasadas décadas, soportando con resignación publicidad y programas sin alternativa. Las nuevas exigencias fundamentales están relacionadas con la capacidad de respuesta y la interactividad que permite Internet. Los usuarios/consumidores hemos perdido la paciencia: lo queremos todo y lo queremos ya. Lo decía antes: ¿para qué esperar meses a que emitan la última temporada de mi teleserie estadounidense favorita si hay quien las ofrece digitalizadas y subtituladas en cuestión de días?

No existen los cambios tecnológicos inocuos; el paso del cine mudo al sonoro, por ejemplo, también conoció efectos imprevistos (nada sorprendentes por otra parte desde un punto de vista narrativo). La duración media de las escenas se redujo considerablemente, ya que con la palabra se podían explicar las cosas más rápido, además de permitir la complicación de las tramas y un medio de expresión más sutil. Todo eran ventajas, así que el cine mudo desapareció en apenas tres años. Con el paso a Internet de la televisión está sucediendo algo parecido: la audiencia exige brevedad para acceder a la anécdota, la imagen, la noticia... No se trata de que nunca se haya hecho el mejor uso posible de la televisión (los psicológos infantiles lo repiten en suplementos dominicales alternos: apagar la tele en cuanto termina lo que se quería ver ¿Alguien hace esto?), pero eso de adaptarse a los ritmos de la programación hoy día, en plena aceleración digital, es impensable. YouTube funciona entre otras cosas porque ofrece brevedad y concisión y por eso las emisoras tradicionales se han apresurado a ofrecer --de momento-- una antología de sus emisiones en este medio; pero no hay que descartar que pronto surjan los primeros programas de televisión "nativos digitales". Joost es un segundo hito en este proceso que nos acerca a la televisión bajo descarga (todavía no se pueden bajar los programas, sólo verlos en streaming, pero es cuestión de tiempo). Los diferentes feeds (un término por cierto con otro significado en el contexto televisivo) equivalen aquí a los canales de televisión del mando a distancia de toda la vida. Desde el punto de vista del usuario/consumidor no hay para tanto.

Respondamos de una vez cúando y cómo nos daremos cuenta de que este proceso está entrando en su fase crítica. ¿Existe un indicador clave para medir el tránsito hacia Internet de la televisión? Creo que sí y además por una vez no hará falta ser un gurú para detectarlo: la transferencia de inversión en publicidad desde la pantalla del salón a la del ordenador. Si la publicidad se desplaza es porque los usuarios/consumidores ya la habrán precedido con un cambio de habitacion. Un pequeño paso para el usuario/consumidor, un gran salto para la sociedad (Armstrong dixit).


Actualización (17/06/2008): me alegra comprobar que no soy el único que se ha fijado en el mismo indicador clave para el cambio de modelo publicitario, puesto que la noticia es como si la hubiera redactado yo: a finales de 2008 la inversión publicitaria en Internet superará a la de la televisión en el Reino Unido. ¿Cómo afectará esta reducción de ingresos a la calidad de la televisión? ¿Se convertirá en un medio más cultural, aunque sólo se trate de una estrategia de supervivencia? ¿Se transformará en un entretenimiento de minorías y por tanto haremos de ella el uso que los pedagogos llevan décadas predicando sin que nadie les haga caso? ¿Realmente está pasada de moda la televisión? Demasiadas preguntas para tan poca noticia...

domingo, 2 de marzo de 2008

«Escribir bien, enlazar mucho»

Este podría se el lema de una supuesta medalla de la blogosfera --como esa otra de la madre, tan de moda durante unos años: "dar mucho, pedir poco"--, porque el secreto de la blogosfera es exactamente este: escribir bien y enlazar mucho.

David Sifry, fundador de Technorati, opinaba en julio de 2007 que la blogosfera seguía creciendo pero de forma más lenta, que el número de blogs activos (los que se actualizan al menos en un período de 90 días, lo cual es un criterio extremadamente flexible) había bajado del 37% en mayo de 2006 al 20% en octubre de ese mismo año. Sin embargo, cinco meses más tarde anunciaba orgulloso en una entrevista que entre octubre de 2006 (justamente el mes cuyos resultados habían causado su pesimista anuncio de ralentización) y abril de 2007 la blogosfera había duplicado su tamaño. Ni una palabra del índice de blogs activos, un indicador mucho más fiable que la simple creación de blogs.

Technorati indexa blogs, y quiere convertirse en el buscador de referencia en lo que se refiere a la blogosfera, con unas necesidades mucho más exigentes de actualización que para las páginas convencionales (segmento que Google lidera sin problemas). Si quieres saber lo más nuevo de las últimas dos horas busca en Technorati, si quieres saber lo que sucedió hace dos semanas busca en Google; este podría ser el acuerdo de reparto.

Dice Sifry que los blogs están aquí para quedarse, que no son flor de un día (qué va a decir, si indexar sus contenidos es la razón de la existencia de su empresa), por lo que ofrece una serie de recomendaciones para ser buen bloguero, las cuales me parecen muy sensatas y adecuadas:

1-Escribir sobre cosas interesantes, que conozcas de primera mano. Y escribir con pasión.

2-Escribir bien, sin faltas de ortografía, de forma amena. Si escribes mal no podrás pensar bien (esto no lo dice Sifry, lo dice Juan José Millás pero vale también).

3-Enlazar mucho: a los que te gustan y a los que no; a los importantes y a los que no lo son. Enlazar a todos porque eso es bueno para el PageRank (esto lo dice Google, pero también vale para Technorati)
.

La asignatura pendiente sigue siendo la fiabilidad de los rankings y las estadísticas de visitas, pues está claro que los algoritmos de cálculo no son del todo fiables: hay blogs que se mantienen en las primeras posiciones a pesar de que no se actualizan, otros en cambio lo hacen por el mero hecho de dejar comentarios con enlaces en otros blogs. Estos criterios deben cambiar porque de lo contrario no habrá manera de distinguir al aprovechado del trabajador.

Aunque Sifry considera que lo mejor es la utilidad social de los blogs. En este sentido es realista: un blog no te hará rico porque la experiencia demuestra que los que más audiencia obtienen lo hacen gracias al prestigio de sus autores (ser un CEO, un consultor, un investigador, un famoso...), un elemento ajeno a la blogosfera. Para la gente que ya es famosa un blog es una forma más de extender su fama y de parecer que están a la última. Para la amplia masa de blogueros anónimos es una manera de aprender, tentar a la suerte para conseguir un contrato relacionado o no con la blogosfera. Una vez conseguido, puedes hacerte famoso y regresar a ella como autor de prestigio. Los blogs son como esos festivales para grupos de rock noveles: un vivero de escritores, ensayistas, fotógrafos y cineastas en potencia que algunas editoriales y medios de comunicación comienzan a revisar por si descubren a alguien que valga la pena. Estoy convencido de que hacen muy bien.

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